¿Unidad?… ¡De los trabajadores en lucha!

Existe hoy una tendencia a hablar de la unidad de la clase obrera, un deseo de materializar una unidad de los principales partidos y organizaciones a la izquierda del PSOE. Para IU parece una necesidad hacer un frente electoral, cara primero a las municipales y después a las autonómicas y generales, dada la proyección y previsible subida de PODEMOS y de GANEMOS. PODEMOS, hasta su constitución en partido en el próximo noviembre, no decidirá su política de alianzas y respecto a GANEMOS parece que está en estos momentos cuajando sus alianzas tanto con IU como con Equo.

Es evidente el hartazgo de las clases populares ante la política de Rajoy y del PP, pero también del PSOE, con la marea de fondo de una crisis económica brutal que está llevando a la miseria a sectores cada vez más importantes del pueblo trabajador.

Pero, ¿unidad en qué sentido? Si es una unidad formal y electoralista para entrar en las instituciones sin cambiarlas de fondo, sería repetir lo que ya hizo Felipe González y a la vista está el resultado. Si es una unidad para combatir por el bando de los trabajadores, para derrocar el capitalismo y anteponer por encima de todo los problemas del mundo del trabajo –empleo, vivienda…- bienvenida sea tal unidad.

La sociedad funciona porque todos los trabajadores en su sentido más amplio –trabajadores en activo, en paro, autónomos, funcionarios…- la hacen funcionar. Sin la movilización y la lucha de todos ellos la sociedad no podrá cambiar sus bases, no podrá impedir los despidos ni los EREs, en definitiva, no se podrán imponer las medidas que se requieren para acabar con la raíz de todo el problema: el capitalismo. Por ello, con elecciones o sin ellas, lo que se requiere es una verdadera movilización unitaria y continuada de todos los trabajadores, de la población, al estilo de lo que ocurrió en Madrid el 22M, donde se muestre con firmeza que no se va a dar ni un paso atrás en unas reivindicaciones básicas, que no pueden ser otras que el reparto de las horas de trabajo sin bajada de salarios, la creación de empleo público y la prohibición del despido y de los EREs. Para imponer y sacar adelante estas medidas son necesarios los recursos; y sólo es posible tener los recursos si el sistema financiero y las grandes empresas básicas de la energía, transporte o comunicación están en manos de los trabajadores y del Estado.

Imponer estas medidas no depende de mayorías electorales, dependen en lo fundamental de la movilización, de la generalización de las huelgas y de la toma de conciencia del pueblo trabajador de que tenemos que tomar en nuestras manos la sociedad al completo y no sólo el parlamento. Confiar en las elecciones y en el voto cada 4 años para cambiar la sociedad es engañarnos. Las elecciones, los parlamentos y ayuntamientos pueden ser herramientas para luchar y aumentar la conciencia de clase, pero nunca podemos confiar en las instituciones de hoy pues no podemos controlarlas ya que están en manos de la burguesía.

El medio para conseguir la emancipación de los trabajadores será la movilización general y la lucha permanente o no será. En 1982 Felipe González y los socialistas crearon una gran ilusión popular que se materializó en una mayoría absoluta parlamentaria que no sirvió más que para mantener a los ladrones de la burguesía en su lugar y seguir con unos de los índices de paro mayores de Europa, la pérdida de derechos sociales y laborales continuos y una corrupción permanente. Esta ilusión de las clases populares se transformó en desilusión y, lo que es peor, en desmovilización. Y con la desmovilización llega lo que hoy tenemos.

Hay que entender que en el conflicto social entre las clases trabajadoras y los capitalistas sólo una relación de fuerzas a favor de los trabajadores puede frenar el deterioro social. En conclusión: solo la unidad de los trabajadores y trabajadoras por sus intereses, con el derecho al trabajo y las medidas contra el paro y los despidos como eje fundamental, la unidad para la movilización y sin hacer confiar en las elecciones, pueden hacer crecer la conciencia social y de clase que frene los ataques de la patronal, los capitalistas y la burguesía. La unidad planteada en términos electoralistas y haciendo confiar a la gente en el Estado nos puede llevar a la desmovilización. Y de estas medidas y objetivos para la clase trabajadora y los medios para conseguirlas dependerá el éxito y la solución a los problemas.