Taiwán: las mujeres trabajadoras, víctimas de Thomson, no han bajado los brazos

En Taiwán, cerca de 1.500 casos de cáncer, entre ellos 200 que acabaron en muertes, se registraron entre las 80.000 trabajadoras que han producido televisores entre 1971 y 1992. No fue hasta el pasado 17 de abril que la empresa Technicolor, antes Thomson Multimedia, propietaria de tres fábricas durante seis años, fue condenada a pagar 16,8 millones de euros a una parte de las trabajadoras que, en su momento, manejaron tricloroetileno y otras soluciones cancerígenas.

En 1986, Thomson compró, en Taiwán, tres plantas de televisión creada por el fabricante americano RCA, antes de cerrarlas seis años después y revender los sitios manteniendo en secreto la investigación interna que hablaba de una grave contaminación de suelos y aguas freáticas. Pero las revelaciones de un ex ejecutivo dieron lugar a una investigación formal que concluyó en 1998 que uno de los sitios estaba «irremediablemente contaminado».

¡No era cuestión de preocuparse por la salud de los trabajadores que habían manejado los disolventes responsables de la contaminación del suelo! Los productos eran utilizados a diario por manos que no disponían de guantes, en el montaje de placas de circuitos impresos y respiraban sus emanaciones sin casi ninguna ventilación. Los que estaban alojados en dormitorios consumían agua muy contaminada y la utilizaban para lavar su ropa. Organizados en una asociación de ayuda mutua obtuvieron, al final de cuatro años, la creación de una comisión interministerial para la identificación de enfermos y una evaluación del riesgo para las trabajadoras y para la población cercana. Pero esta comisión exculpaba a las empresas que se habían sucedido, RCA, General Electric y Thomson.

Los trabajadores entonces se dirigieron a los abogados, pero hubo que esperar hasta el año 2004, para que se abriera un proceso con doscientos denunciantes, que se envió por defectos de formas de tribunal en tribunal por un periodo de dos años, durante los cuales casi una cuarta parte de los denunciantes murieron. El núcleo restante reanudó la lucha e incluso logró movilizar a otros trabajadores antiguos. Sus testimonios no fueron recogidos por el tribunal, haciendo los magistrados resúmenes a su forma. Sin embargo, bajo el título «Las voces que se niegan a ser olvidados», grabaciones de testimonios se hicieron públicos.

Esta condena de Thomson está lejos de dar una satisfacción material a todos los trabajadores y no les devolverá su salud, que les ha sido robada. Pero es el resultado de una larga lucha tenaz, y finalmente victoriosa.

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