Sin lucha obrera no derogaremos la reforma laboral

La concertación social entre patronal, gobierno, CCOO y UGT ha permitido cambios secundarios en la última Reforma Laboral de 2012, dejando intactos los artículos más lesivos contra los trabajadores. Con las modificaciones, que no derogación, han quedado al descubierto las vergüenzas de este gobierno de “progreso”, el autodenominado “gobierno más progresista de la historia” que ni siquiera ha sido capaz de derogar la Reforma Laboral de Mariano Rajoy. Derogación que era la “medida estrella” de su programa electoral pregonada por doquier.
Esto ha indignado a muchí-simos trabajadores y trabajadoras que habían confiado en el gobierno y en el pacto de PSOE y Unidas Podemos y por parte de muchos de ellos se percibe como una traición más a la clase obrera.
Una vez más “lo que habían prometido no lo cumplen”. Para otro sector, han validado la idea de que “todos los políticos se corrompen cuando entran en el gobierno”. Esta situación, además, abre la puerta a los argumentos de la extrema derecha para recoger votos y adeptos en la clase obrera: “lo veis, como todos son iguales”.
En realidad aunque haya también personas que se consuelen diciendo que más vale poco que nada o que dadas las circunstancias, no se podía hacer otra cosa, el hecho es que el “brillante” acuerdo mantiene el eje central que la patronal utiliza para precarizar: los despidos, tanto individuales como colectivos, que seguirán siendo libres, sin siquiera aumentar la cuantía de la indemnización y la posibilidad de contratar temporalmente, por horas o jornadas.
El acuerdo se limita a mantener la temporalidad de ciertos contratos, como los formativos, y sólo elimina el contrato por obras y servicios – utilizado para precarizar al máximo la mano de obra-.
En las subcontratas el convenio vigente será el del sector, pero si tienen convenio de empresa se le podrá mantener las condiciones salariales precarias.
Las ETTs seguirán lampando por doquier y para colmo se crea un mecanismo, llamado RED (de flexibilización y estabilización) para las empresas cuando entre en crisis el sector, por problemas tecnológicos…, por el cual los trabajadores se podrán acoger a una prestación del Estado o a una reducción de jornada.
Es decir, con dinero público y no con los beneficios empresariales obtenidos, se pagarán los salarios a los trabajadores y para colmo, las empresas obtendrán ayudas, subvenciones, exenciones de impuestos y cotizaciones. Y en cuanto a la negociación colectiva, eliminando la ultractividad de los convenios, permanece la prioridad aplicativa del convenio de empresa sobre el sectorial, salvo en los salarios. Y para terminar el desaguisado no se recuperan los salarios de tramitación.

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