Rodrigo Rato: ejemplo de la corrupción y bancarrota del capitalismo

La detención de este político no muestra más que el deterioro, la putrefacción del régimen político y de la economía capitalista, que es incapaz de mantener la gobernabilidad del país sin escándalos diarios.

La bancarrota del capitalismo y su crisis económica se explica también a través de los casos de corrupción. La detención de Rodrigo Rato ha sorprendido a la opinión pública al ser una figura relevante del Partido Popular. Tan relevante, que fue ministro de Economía y Hacienda, presidente del Fondo Monetario Internacional, presidente de Bankia, un banquero reconocido internacionalmente por su paso en la dirección de varios bancos internacionales; en fin, figura representativa de la gran burguesía española, no sólo por su persona sino por pertenecer a una reconocida familia de la oligarquía. Políticamente ha sido uno de los dirigentes más importantes del PP, en su tiempo incluso propuesto para presidente de gobierno como sucesor del y por el propio Aznar.

Todo parece indicar que ha sido el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien ha manejado los hilos de la investigación de Hacienda en el caso de Rato, pues no ha sido el fiscal anticorrupción y ni la Udef (Policía de delitos económicos) quien ha llevado la pesquisa. Es imposible que el ministro no supiera nada de la investigación, ni que ésta no existiera sin su consentimiento. Parece ser que las navajas y venganzas entre los “peperos” son traperas y afiladas. De todas formas es evidente que quieren aparentar que es posible la regeneración y de que hay justicia incluso para sus conmilitones.

Desde posiciones de la derecha querrán argumentar la igualdad ante la ley que supone la investigación, detención y posible juicio de Rato. Pero esta detención obedece a un estado ya tan putrefacto que para salvar a Rajoy y su gobierno, Rato es uno más de los cabeza de turco, como Bárcenas, que podría permitir salvar los muebles al PP. El sepulcro huele de tal forma que su blanqueo no podrá ocultar la muerte de este régimen político.

Sin embargo no podemos quedarnos solo en este nivel de coyuntura política para explicar los hechos reiterados de corrupción política. Es imposible comprender estos fenómenos del día a día, este robo del dinero público, de los servicios públicos, sin saber que las instituciones, lo que es el Estado, no es más que una maquinaria al servicio de los intereses privados de los capitalistas, sin entender que la economía capitalista es la organización de la producción y del trabajo al servicio del beneficio, del dinero de las empresas, de los bancos, es decir, de los intereses privados de los propietarios del capital.

Por ello la corrupción depende de los corruptores, de quienes financian a los políticos, sus partidos, a los altos funcionarios, -las famosas puertas giratorias-, para mantener sus ganancias en una avaricia sin límites. Y estos corruptores no son más que las grandes empresas capitalistas de las que Rodrigo Rato no es más que un representante destacado.

Finalmente tenemos que insistir que todo este sistema se sostiene a través del robo social del trabajo y de los trabajadores a través de la plusvalía y las ganancias que obtienen los capitalistas al poseer la propiedad privada de los medios de producción. Y esta explotación del trabajo, bajando los salarios, despidiendo, precarizando los empleos etc., es la base de la corrupción generalizada del sistema.