Qué sociedad queremos: ¿una organizada por y para los beneficios de los capitalistas u otra dirigida por la clase trabajadora para satisfacer las necesidades colectivas?

La crisis del coronavirus muestra que el capitalismo no funciona. Las ayudas a la población, que el gobierno prometió, están colapsadas. Mientras el paro y los despidos se ceban en los trabajadores, grandes empresas, como las del IBEX35, se benefician de ayudas, ERTE, exenciones de impuestos y por si fuera poco, gozan de permisividad para regular sus actividades como quieran a costa de la salud de los trabajadores.
Los despidos en las empresas continúan. En el sector aeronáutico, por ejemplo Alestis o Aerotecnic despiden hasta sin finiquito. Dos ERTE de la firma H&M deja en la calle a más de seis mil trabajadoras y sin complementar el 100% del salario con el 30% restante como se comprometió al comienzo. Una contrata pública municipal en Sevilla ha despedido a nueve de sus once empleados y a pesar de depender del Ayto., y éste ni siquiera denuncia nada. ¿No se habían prohibido los despidos?
Mientras el gobierno confina a la población y decreta el cese de muchas actividades laborales, se han perdido cientos de miles de puestos de trabajo y no se ha tomado ni una sola medida contra los abusos de la patronal.
El sector del telemarketing es ejemplo de abuso continuo indiscriminado, obligando a los trabajadores a exponerse al contagio. En sus centros de trabajo no se toma ninguna medida preventiva. La muerte de una teleoperadora el 31 de marzo no ha variado en nada la situación.
Los trabajadores en muchos sectores y empresas, como Konecta BTO, Atento, Correos, El Corte Inglés, Amazon, residencias de ancianos, supermercados…, se ven enfrentados por la patronal al dilema de elegir entre arriesgarse al contagio o irse al paro sin nada. La patronal se aprovecha de leyes a su medida, de las reformas laborales, para despedir, para explotar aún más y su papel aquí toma tintes siniestros, en el actual momento de crisis sanitaria.
Mientras millones de trabajadores se quedan sin trabajo, sin ingresos y aguardan que les toque el turno de percibir algún tipo de ayuda, si la reciben, la recuperación económica se antoja incierta.
Esta pandemia desvela que se está decretando según intereses de la patronal, por ella se vuelve al trabajo, sin las más mínimas garantías de salud. Es ella, la patronal, la que decide que actividades son esenciales, sin serlas. Mientras el gobierno mira a otro lado y consiente que se exponga la vida de trabajadores, obligados a acudir a trabajar, en Konecta sin mascarillas, en Atento sin guardar distancias, en el transporte, aeronáutica, construcción etc. sin medios abocados al contagio.
El número de contagios y muertes hubiera sido mucho menor si se hubiese contado con un sistema sanitario no intervenido por los recortes. España gastaba antes de la crisis casi el 7% de su PIB en Sanidad. Hoy gasta poco más del 6 (6,2%). Eso significan 7.600 millones de recorte de gasto sanitario.
Diferentes medios publican el hallazgo de material médico almacenado en tal o cual empresa u hospital privado. Sin usar, y que no son reclamados para servir a la población. Ninguna medida toma el gobierno al respecto, tratando de ocultar la irresponsabilidad de las empresas privadas y de sus propias instituciones en esta crisis. No se ha hecho nada por reclamar los recursos sanitarios en manos privadas. ¡Ni un solo recurso privado ha sido nacionalizado!
El gobierno no habla de la responsabilidad de la patronal, de los capitalistas, en esta crisis. El gobierno no está del bando de los trabajadores. Nos dicen que el sistema colapsa por el monto de las ayudas públicas, pero no se ha hecho nada por impedir los despidos, según el sindicato CCOO rondan el millón actualmente. Y esto para corroborar la mentira de la ministra de Trabajo Yolanda Díaz, que en su día dijo “El gobierno ha prohibido los despidos…”.
Antes que el bienestar general se han salvado los beneficios empresariales. Ese es el balance real hasta ahora. La responsabilidad de las empresas, de los capitalistas en esta crisis, es más que patente; bancos y grandes empresas se beneficiaron de ayudas en la pasada crisis, a costa de recortes públicos y en empleo. La complicidad del gobierno va en ello, también. Y en esas circunstancias la clase trabajadora es la que ha demostrado que, pese a la riqueza acumulada por algunos, ésta no posee más que sus manos desnudas para sobrevivir a esta pandemia.
Si se quiere cambiar algo tras el coronavirus hay que empezar ya a plantearse qué tipo de sociedad queremos. ¿Una donde todo funcione como hasta ahora, en base al beneficio privado de unos pocos? O ¿una donde el dinero y los medios de producción estén organizados por la clase trabajadora, para servir a las necesidades sociales y reales?

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