Nuevos Pactos de la Moncloa para “reconstruir” el capitalismo

En su comparecencia del domingo, 12 de abril, Pedro Sánchez nos habló de la vuelta al trabajo este lunes de las actividades que habían estado “hibernadas”- como gustan llamar-, con las “más completas garantías” por parte del gobierno. Entre estas …¡el reparto de mascarillas en todos los transportes públicos! De cómo el gobierno va a velar para que los empresarios cumplan las medidas requeridas, ni media palabra.

Durante toda su comparecencia el presidente  no paró de pedir la unidad nacional, no solo entre la población, sino también entre todos los políticos del arco parlamentario y organizaciones económicas y sociales sin excepción, y para ello a lo largo de la semana  convocará a todos los agentes sociales, sindicatos, empresarios, partidos políticos, comunidades autónomas y ayuntamientos a una primera reunión para reeditar unos nuevos Pactos de la Moncloa, haciendo referencia a los acuerdos de la Transición, o al pacto de Toledo sobre las jubilaciones, por ejemplo. Bajo estos llamamientos a la unidad, -que se realizan de forma parecida en otros países europeos-,  tras estos pactos para la “reconstrucción”,  está la idea de mantener y salvar las ganancias de la gran patronal y en este sentido del capitalismo, que ha hecho aguas precisamente en esta crisis.

Los Pactos de la Moncloa, acuerdos de 1977 fundamentalmente de índole económica, supusieron una pérdida considerable de poder adquisitivo para los trabajadores y un retroceso en todos los ámbitos; supusieron igualmente mantener las ganancias de los grandes bancos y capitales a costa de los salarios, de derechos laborales conquistados – a veces hasta con sangre- y el freno de las luchas con la inestimable ayuda del PCE y de la dirigencia de los sindicatos mayoritarios, como contrapartida PCE demostraba que era un partido “respetable”, que se podía confiar en él y los sindicatos mayoritarios obtuvieron participación en los consejos de administración de las empresas públicas,  en la negociación colectiva y… suculentas subvenciones.

Entre todos aseguraron la paz social y salvaron a la patronal y su crisis. Esta pudo entonces imponer  el despido pagando indemnización, así como la flexibilización en la contratación, legalizando por ejemplo, la temporalidad y abriendo así las puertas a la precariedad. Se apuntaló así los cimientos de la economía asegurando los beneficios empresariales, en definitiva. Y es a este juego sucio, al que el gobierno nos quiere volver a conducir.

Los trabajadores deben reaccionar ante esta nueva trampa; no es la primera en la historia. Sin embargo, la pérdida de derechos, laborales y sociales, no va a ser lo peor, que ya de por sí es grave con los tiempos que corren. El desarme ideológico es la verdadera trampa, el que nos inculquen de nuevo que todos estamos en el mismo barco y remando para el mismo lugar. No; el barco hace aguas, pues este sistema loco que es el capitalismo engendra contradicciones a las que él mismo ya no puede dar respuestas; mientras los ricos pueden pasear por el espacio interestelar, resulta que no se puede fabricar una triste mascarilla para los sanitarios, al menos. Esta sociedad hace aguas, y lo saben. Por eso preparan el terreno.

En la Transición como ahora, esta traición de las organizaciones de izquierdas, de los supuestos representantes de los trabajadores, se justificó diciendo que no se podía hacer otra cosa; lo mismo ahora se va a invocar que es necesario por la crisis, no se puede hacer otra cosa y menos con la extrema derecha de Vox presente.

Si en los Pactos de la Moncloa fue clave la claudicación del PCE, con Santiago Carrillo a la cabeza, ahora es clave el papel de Podemos e IU; por eso la verdadera unidad está en la lucha y movilización obrera. Los trabajadores y las clases populares deben hacer sus propios pactos: un pacto de clase que obligue realmente a que esta crisis la paguen quiénes hasta ahora no han pagado nada: el Ibex 35 y sus grandes empresas.