LUTTE OUVRIERE/ARBEIDER- SSTRIJD (Bélgica)

La incertidumbre política

 La actualidad en Bélgica también viene marcada por la incertidumbre. Nosotros votamos hace siete meses. Por fin, los cinco gobiernos regionales y de comunidad se han puesto en marcha y han empezado con sus políticas de austeridad, pero al nivel federal, los partidos aún no han logrado pactar un gobierno para toda Bélgica.

Seguimos pues con un gobierno en funciones (o mejor dicho en disfunciones). Todos los ministros importantes ya se fueron, bien hacia instituciones europeas, bien hacia los gobiernos regionales que les parecen más interesantes para su carrera. Y así es como por primera vez tenemos a una mujer primer ministra. Todo el mundo lo sabe, los puestos infravalorados son para mujeres…

La situación actual resulta de seis reformas del Estado, que han ido cortando el país en pedazos, hasta el punto de que hoy en día, dependiendo de la región en la que se viva, no se ve la misma tele, ni se estudia en las mismas escuelas, ni se saca el carné de conducir en las mismas condiciones. La mayor parte de la Seguridad Social, con las pensiones, sigue siendo una competencia federal, pero los nacionalistas ya miran por ese lado.

Demagogia regionalista

La pequeña guerra comunitaria siempre sirvió para ocultar la lucha de clases y echar la culpa de la miseria creciente a la comunidad de enfrente. No eran pues los patrones los responsables del paro y los bajos sueldos, sino los “otros”, los flamencos o francófonos, dependiendo de dónde uno se encuentre. Cada vez que se ha pasado al nivel regional una competencia del Estado federal, iba junto con recortes en los presupuestos públicos.

Le iba bien a la burguesía mientras eran familias políticas similares las que se sucedían al poder de ambos lados del país: socialistas, social-cristianos, liberales, ecologistas. Pero vino la crisis, y los pequeños diablos que brotaron de la agitación nacionalista fueron creciendo, gracias a la derechización general de Europa. En Flandes, los nacionalistas y la extrema derecha se convirtieron en los dos principales partidos. Juntos logran más del 43% de los votos.

Maniobras politiqueras

En Valonia, la región francófona, la extrema derecha aún no ha superado sus divisiones, llegando a un total del 8% de los votos.

El Partido Socialista sigue llegando primero pero el PTB, un partido de extrema izquierda maoísta que se presenta como “la izquierda de verdad” le está robando votantes. Con más del 16% de los votos, el PTB tiene representantes en todas las grandes ciudades donde el PS es fuerte, así como en el parlamento valón (francófono) y en el parlamento federal. Resulta que son el PS valón y la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) los partidos que tienen la posibilidad de formar un gobierno federal. Pero es difícil imaginar entre ambos partidos un pacto que no sea rechazado por sus votantes.

Por lo que se contempla una coalición con seis u ocho partidos, y todavía no la han formado. Vendría con una mayoría muy corta en el parlamento federal, excluyendo la N-VA, lo cual obviamente reforzaría este último partido en las urnas, así como el Vlaams Belang (Interés Flamenco, la extrema derecha independentista). Con todo eso, resultará más complicado aún encontrar una mayoría política, formar un gobierno federal, y aparecerá más evidente para los nacionalistas la necesidad de avanzar en la escisión de Bélgica. No corresponde a lo que desea la mayoría de la población, menos aún la de los trabajadores flamencos y valones. Pero mientras la clase obrera no levante la cabeza ni recupere una consciencia de clase y combatividad suficientes, los políticos podrán seguir con la división.

 

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