Los nacionalismos dividen a la clase trabajadora

El conflicto catalán ha puesto de actualidad la independencia nacional como alternativa a los problemas acrecentados por la crisis económica. El nacionalismo catalanista ha conseguido desenfocar los problemas reales de la población trabajadora en Cataluña como el paro y los despidos, para llevarlos al terreno nacionalista en la construcción de un nuevo Estado independiente catalán. Este engaño ha servido para que las alternativas nacionalistas de derecha, que representan a la burguesía catalanista, se mantengan en el gobierno de la Generalitat con la aprobación de sectores importantes de la población. Nos referimos evidentemente a Artur Mas. Pero no hay que olvidar que en el furgón de cola de apoyo crítico está la CUP. Aunque parece que las bases decidieron el 29 seguir en la postura de no aceptar a Mas como presidente, los parlamentarios siguen negociando y dicen que la asamblea decisoria se hará a finales de diciembre.

Sin embargo, un gobierno que fuera hacia un nuevo Estado, aún suponiendo que fuera posible, no sería más que un retroceso para las clases trabajadoras, no sólo en Cataluña, sino también en el resto del Estado. Permitiría, además, que la derecha y la burguesía fuera más fuerte. Esto, por varias razones.

En primer lugar, este conflicto ha enterrado el debate social y obrero en pos de la independencia. Ha dividido, por otra parte, a la clase obrera catalana en sectores en pro y en contra llevando a sectores de ella a votar a la derecha de Ciutadans. Ha enterrado la división real entre clase trabajadora y su explotación por la burguesía por los ataques de Rajoy a Cataluña, cuando son ataques a toda la clase trabajadora y no a un territorio. Además se parte de un análisis erróneo en el cual se ve a la clase obrera catalana como propia e independiente del resto del Estado.

Muy al contrario de lo que piensan algunos desde la izquierda, la independencia de Cataluña no ayudaría a la lucha de la clase obrera contra el capital, sino que debilitaría aún más las posibilidades de luchar contra los gobiernos capitalistas. Evidentemente si un sector importante reclama el derecho a decidir hay que apoyarlo. Pero apoyar el derecho a decidir no significa dejar o supeditar la lucha por mantener la unidad de la clase trabajadora pues nos va la vida en ello, en contra del capital. Y ello solo es posible si organizamos y actuamos con un programa de lucha conjunto en contra de la burguesía y sus políticos.

Las provocaciones del PP atacando la cultura y la realidad catalana, primero con el Estatuto, después con la ley Wert, y un continuo hasta terminar con la prohibición de las consultas, han tenido la reacción esperada: el nacionalismo catalanista a través de sus medios organizó la contrarréplica a través del independentismo. Es curioso como el campeón de los recortes Artur Mas, que ha votado lo mismo que Rajoy contra los trabajadores, se ha convertido en enemigo nacionalista de Rajoy.

La argumentación de los nacionalistas unidos en Junts pel Sí, es que Rajoy ataca a Cataluña. Y que la salida es la independencia. Primero consigamos un Estado propio y después veremos. Utilizan la lengua y la cultura catalana al servicio del capital. Rajoy y el PP representan lo más reaccionario de la derecha y de la burguesía del Estado. Pero creer que el nacionalismo catalanista es más progresista es un engaño. La burguesía está de acuerdo siempre en lo fundamental y utiliza sus medios para salvar sus negocios y ocultar la explotación. Lo que une a la derecha catalanista con la CUP y otros sectores de la izquierda, es la construcción de un Estado catalán. Pues a partir de él, según entienden los dirigentes de la CUP, las posibilidades para avanzar hacia un socialismo anticapitalista serían más fáciles.

Entre unos y otros se tapan las vergüenzas de la crisis e impiden que la clase trabajadora aparezca con un programa propio e independiente de la burguesía. La polarización entre independencia y sus contrarios ha provocado que en la campaña electoral en las autonómicas la población obrera en Cataluña se dividiera. En zonas del cinturón obrero de Barcelona y en las zonas más industriales la subida de la derecha de Ciutadans es un hecho. La clase obrera de población inmigrante, andaluces, extremeños etc., se dividió. Decir, como hay grupos de extrema izquierda, que Cataluña es un país oprimido por España es tal pantomima que cualquier obrero en Andalucía o Extremadura sonreiría.

A esto hay que añadir que la CUP, que se considera anticapitalista, ni se reclama de la clase trabajadora ni tiene interés ninguno en los problemas sociales más allá del territorio catalán. Por mucho que algunos canten la internacional en catalán, no parecen darse cuenta que ningún Estado, y menos del tamaño de Cataluña, como si dijéramos Andalucía, puede construir una alternativa social o meramente socialista. Sería una regresión de la gravedad de la desmembración de Yugoslavia para el futuro de la clase obrera. No le interesa a esta candidatura anticapitalista tampoco los problemas obreros y su ceguera es tal que ni siquiera en sus documentos o, peor aún, en sus 9 condiciones, va más allá de la pobreza energética. Y de los problemas de los trabajadores los despidos, EREs, nada. Como si la lucha contra la pobreza y los desahucios se pudieran resolver si no fuera con la solidaridad de la clase trabajadora de todo el Estado, de toda España. Su contribución a la división de la clase trabajadora comienza con sus documentos. Si fueran internacionalistas lo primero que tendrían que hacer es redactar una copia en castellano y buscar la perspectiva revolucionaria en todo el Estado.

Para tener una alternativa obrera y revolucionaria no basta con decirse anticapitalista, y proclamarse socialista en Cataluña. Para defender a la clase trabajadora hay que crear una alternativa comunista en todo el Estado y una perspectiva internacional, porque la clase trabajadora está constituida en todo el Estado por un mercado nacional capitalista. La clase trabajadora en Cataluña y en el País Vasco es la amalgama de trabajadores provenientes de las zonas pobres del Estado español. Tanto es así que el periódico Solidaridad Obrera, la Soli, se editaba en sus tiempos en Barcelona en castellano y jamás el movimiento obrero en Cataluña liderado por la CNT y el movimiento libertario, osó defender o apoyar el nacionalismo catalanista. La descomposición ideológica es tal que su ceguera no les permite ver que la clase trabajadora está constituida en todo el territorio español.

Un ejemplo es Panrico. Empresa constituida en todo el Estado comprada por el fondo buitre Oaktre, ha despedido a cientos de trabajadores en todo el Estado. Esta empresa estaba preparando su venta a Bimbo cuando firmó los despidos del ERE con CCOO y UGT a cambio de dinero. Esta traición sindical fue contestada por los trabajadores de la factoría de Panrico en Santa Perpetua en Cataluña. Y fue el Instituto Catalán de Finanzas, la Generalitat, la que financió los despidos dando un crédito a la empresa. ¿No hay nadie que se de cuenta que estos trabajadores sólo podían ganar si hay una solidaridad obrera en todo el Estado, empezando por su red de empresas?

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