Las elecciones del 10 de noviembre y las perspectivas para los trabajadores.

El teatro para pactar un gobierno de izquierdas ha terminado. Desde hace meses se viene barruntando la posibilidad de nuevas elecciones. Era la hipótesis más probable desde que los socialistas hicieran el paripé de intentar llegar a un acuerdo con Unidas Podemos. Sánchez también intentó acordar con Ciudadanos un gobierno, incluso pidió al PP la abstención en la investidura.
Para miles de votantes de la izquierda ha sido una decepción. No se explican cómo es posible que no llegaran a un acuerdo las fuerzas de izquierda. La división de las fuerzas progresistas puede permitir que la derecha con Vox llegue otra vez al gobierno y sus políticas contra los trabajadores y las mujeres. Las elecciones, de boquilla, no las quería nadie. Los grupos parlamentarios se han lanzado a culpar a los oponentes de una nueva convocatoria de elecciones que es a todas luces impopular.
Ahora Sánchez culpa a Pablo Iglesias y su grupo de no formar gobierno. El argumento esgrimido ha sido que Unidas Podemos quería en realidad dos gobiernos repartiéndose los ministerios y eso el PSOE no podía aceptarlo. Ha llegado a decir en la última entrevista en TV que si hubiera aceptado la propuesta de Iglesias “no dormiría por las noches”. Hasta les había propuesto la vicepresidencia y tres carteras en el gobierno. A su vez y sin faltarle razón, Iglesias acusó a Sánchez de no querer pactar para llegar a nuevas elecciones, pues hasta él había retrocedido en su idea de participar directamente en el gobierno. ¿Y si hubiera dado el apoyo “gratis” a los socialistas con tal de que no hubiera elecciones y la posibilidad de que gobierne la derecha? Hubiera sido un caramelo envenenado para Sánchez porque sin tener la mayoría en el parlamento no hubiera podido gobernar sin pactar. Pero Sánchez tampoco quería esto.
Las verdaderas intenciones de Sánchez es gobernar con una mayoría para necesitar lo menos posible el apoyo de la izquierda y de otros grupos. En definitiva, lo que había detrás del teatro de Pedro Sánchez es conseguir otra vez la hegemonía electoral del PSOE sin importarle que la abstención en las próximas elecciones dé el gobierno a la derecha.

Perspectivas para la clase trabajadora.

Sin embargo, para los trabajadores y las clases populares, ¿cuál es el fondo de la cuestión?, ¿cuáles son las necesidades, los problemas y sus soluciones?
Desde la crisis capitalista mundial de 2008 los beneficios de las grandes empresas han aumentado, mientras que los salarios han disminuido, los recortes continúan y se ha cronificado la precariedad laboral, en la que viven más de la mitad de los asalariados. Los trabajadores pobres han aumentado y hoy día cualquier joven vive en la inseguridad en el trabajo, con salarios bajos e incapaces de sobrevivir por sí mismos con un salario digno. Las nuevas generaciones viven mucho peor que la de sus padres. Esto significa que la crisis la hemos pagado los trabajadores a costa de su nivel de vida y de aumentar las ganancias de la burguesía. No puede asombrarnos esto pues el capitalismo sale de su crisis machacando a los asalariados y a través de los conflictos armados que pululan por todo el planeta.
Entonces, desde un gobierno, que tiene el poder político, pero no el poder económico que está en manos de las grandes empresas y bancos, ¿se podría hacer una política que mejorara las condiciones de vida de las clases trabajadoras y populares? Esto es lo que piensan en los partidos como Podemos y afines. Solamente, habría que obligar al PSOE a hacer esa política. Y esa es la estrategia de Pablo Iglesias y en general del reformismo. Creen que desde los gobiernos se pueden hacer políticas de progreso. Y esto es un error y más en las circunstancias actuales.
En momentos de expansión de las ganancias capitalistas se pueden arrancar ciertas mejoras a condición de la lucha y la movilización social. Pero en las condiciones actuales de crisis económica crónica y a las puertas de otra gran crisis, como vive actualmente Argentina, el margen de maniobra para esas reformas es mínima desde las instituciones y gobiernos. La prueba está en Madrid y el gobierno municipal de Carmena o en Barcelona con Colau.
Tenemos que decir la verdad: en un capitalismo en crisis permanente, sólo hay solución si se toman medidas urgentes en contra de los capitalistas y los trabajadores asumen el control de la economía a través de la expropiación del sistema financiero, de los bancos creando un solo sistema financiero público, si la contabilidad de las grandes empresas está vigilada e investigada de forma pública y transparente por los trabajadores, si repartimos el empleo sin bajar los salarios, si se crea empleo público eliminando las subvenciones a las empresas, etc.
Y para ello no hay varitas mágicas, sólo hay las herramientas que históricamente han permitido mejorar a las clases trabajadoras: la lucha obrera y la organización de un partido que defienda un programa y los intereses de los trabajadores.