Centenario de la Revolución Rusa. La paz de Brest-Litovsk

El congreso de los soviets había propuesto a todos los pueblos beligerantes “una paz justa y democrática, inmediata y sin anexiones”. Pero ya que todavía no había estallado la revolución en Alemania, es con el Estado Mayor de los Imperios centrales con quien el poder soviético tuvo que firmar el armisticio, el 2 de diciembre de 1917, en la ciudad de Brest-Litovsk. Trotsky conducía las negociaciones de paz, entre diciembre de 1917 y febrero de 1918, buscando ganar tiempo para, como decía, “dar a los obreros de Europa una prueba evidente e incontestable del odio mortal que existía entre nosotros y los dirigentes de Alemania.” Victor Serge describe aquellas negociaciones en su libro “El año 1 de la Revolución rusa”:

“¿Existió alguna vez tal incompatibilidad entre dos negociadores? (…) Los negociadores eran consciente sde que representaban mucho más que Estados en guerra, la palabra Estado refiriéndose a la nueva República soviética les hacía gracia a los diplomáticos de los demás países, sino que eran dos mundos incompatibles. Las palabrerías convencionales de la diplomacia no afectaba para nada a los Rusos; las palabras revolucionarias de aquellos provocaba entre sus interlocutores incomodidad e indignación. (…)

Los bolcheviques, que estaban en contra de cualquier tipo de diplomacia secreta, habían exigido la publicación del acto de las discusiones. No se dirigían a los plenipotenciarios del imperialismo germánico, sino que se dirigían a los pueblos. Cada una de sus palabras tenía su efecto, como se iba a comprobar más temprano que tarde. (…) Cuando el general Hoffmann [del ejército alemán] dijo que los bolcheviques reinaban por la fuerza, Trotsky le contestó: ‘El general Hoffmann tiene toda la razón. Hasta ahora no ha habido otra forma de gobierno, y durará mientras la sociedad siga dividida en clases enemigas. Lo que sí sorprende a los gobiernos de los otros países, es que en vez de detener a los huelguistas detenemos a los empresarios que echan a los trabajadores; en vez de fusilar a los campesinos que exigen la tierra, detenemos y fusilamos a los terratenPero esperando a queientes y oficiales que intentan disparar a los campesinos.’ (…) ”

Pero a mitades de enero, los alemanes no dejaron otra opción a los bolcheviques: seguir con una guerra imposible o firmar una paz desastrosa y desmoralizadora. Tenían que aceptar la ocupación de territorios importantes en Ucrania, Bielorrusia, en los países bálticos, y la perdida de las principales zonas de producción de trigo, hierro y carbón de Rusia. La actitud que debían de tomar frente a aquella cruel paz alemana dividió el Partido bolchevique. Trotsky lo cuenta en “Mi vida”, en 1930: “La imposibilidad de seguir con la guerra era evidente. En eso estábamos totalmente de acuerdo Lenin y yo. (…) En el Partido, o por lo menos entre sus dirigentes, la opinión dominante, intransigente, era que teníamos que rechazar las condiciones de Brest-Litovsk y negarnos a firmar la paz. (…) Las principales cuestiones debatidas eran: ¿podemos ahora mismo emprender una guerra revolucionaria? ¿Puede, ensobre general, un poder revolucionario firmar acuerdos con los imperialistas? Sobre estos dos puntos estaba completamente con Lenin, contestando como él, por un no a la primera pregunta, y un sí a la segunda.”

Lenin militaba para que se firmase sin tardanza el tratado de paz, pero estaba en minoría y el comité central adoptó el compromiso propuesto por Trotsky: “Alargar las negociaciones; en caso de que los alemanes nos opongan un ultimátum, dar la guerra por terminada, pero negarse a firmar la paz.” Si, como escribe Trotsky, “después de las huelgas de octubre en Alemania y Austria no sabíamos si el gobierno alemán iba a decidir ya una ofensiva”, la respuesta llegó, implacable. “Dos días antes de expirar el plazo de una semana que nos habían dejado, recibimos un mensaje diciendo que los alemanes se consideraban a partir del 18 de febrero, a las 12 en punto, en guerra con nosotros. (…) Habían empezado una ofensiva, se habían apoderado de nuestro material de guerra. (…) El 21 de febrero, conocimos las nuevas condiciones de paz que parecían calculadas para que fuese imposible firmar el tratado. (…) El 3 de marzo, nuestra delegación firmó, sin leerlo, el tratado. Anticipándose muchas ideas de Clemenceau [que escribió el tratado de Versalles en 1919], la paz de Brest-Litovsk se asemejaba a una horca.”

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