La hipocresía de los capitalistas caritativos

Las principales fortunas y empresas del planeta están realizando donaciones para comprar material sanitario en todo el mundo: Inditex, Amazon, Microsoft, Facebook…

Amancio Ortega ha donado 25 millones de euros y 300.000 mascarillas, donación que le reportará futuras exenciones fiscales. El año pasado su “ayuda contra el cáncer” -según técnicos de hacienda- le supuso un beneficio fiscal de entre 108 y 123 millones de euros. En cambio, tiene preparado un ERTE que será efectivo a mitad de abril para 25.000 trabajadores de Zara. Se da la paradoja de que antes de la epidemia, Inditex declaró un beneficio neto de 2.720 millones.

Como él, el hombre más rico de España y sexto del mundo, ocurre con otras empresas: El Corte Inglés, Decathlon, Bancos… la lista es interminable. Sus grandes beneficios son privados, están en sus bolsillos, pero cuándo se acercan malos tiempos… ¡que pague el Estado los ERTE, o sea todos los trabajadores! La riqueza de estos grandes empresarios y multinacionales, son fruto del trabajo humano colectivo y las ocultan en paraísos fiscales.

Estas donaciones solo sirven para hacerse publicidad gratis en sus medios. Porque dicho por los profesionales, sirven para poco. Por ejemplo, las mascarillas son de un solo uso y se necesitaría una producción permanente de ellas en esta situación. Las donaciones no son lo que necesita la crisis sanitaria.

La solución real sería reconvertir esas empresas durante estos momentos para producir necesidades reales como mascarillas, productos esenciales, farmacéuticos etc. Para ello habría que expropiar empresas y bancos y ponerlos al servicio de las verdaderas necesidades sanitarias.

Una sociedad que permite fortunas personales de vértigo, mientras por otra parte es incapaz de ofrecer unas miserables mascarillas al personal sanitario, como se ha visto con la actual epidemia, es una sociedad que ha dejado de funcionar y que hay que cambiar ya.

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