¡Hay que controlar a la gran patronal!

El 12 de mayo entró en vigor en España el nuevo Real Decreto-ley 8/2019, de 8 de marzo, de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo.
Esta nueva ley obliga a todos los trabajadores a llevar un registro de las horas trabajadas en cada centro de trabajo. Anteriormente solo estaban obligados los trabajadores de las pequeñas empresas.
Desde el Ministerio de Trabajo aducen que esta medida ayudará a controlar las horas extras. Dicen y no sin razón, que su número viene aumentando desde hace años y que son el principal obstáculo a la creación de empleo, debido al abuso que, de ellas, hacen la muchas empresas.
Si se echa una rápida lectura al RD, su aplicación se basa en cifras, proporcionadas mediante encuestas, que muestran el alcance del abuso de las horas extras por la patronal.
De acuerdo con la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2018, más del 50 por ciento de los asalariados declararon tener jornadas semanales superiores a las 40 horas y un gran volumen de trabajadores a tiempo parcial indicó que la jornada de trabajo efectiva no se correspondía con la declarada.
Utilizando otros datos de la Encuesta de Población Activa, cada semana del año 2017 se hicieron en nuestro país una media de 5,8 millones de horas extraordinarias a la semana. Lejos de constituir un hecho puntual, la realización de horas extraordinarias se incrementó en 2018. Así, los datos revelan que, como media, cada semana de 2018 se realizaron 6,4 millones de horas extraordinarias en España.
Las medidas realmente encaminadas a controlar las horas extras y crear empleo son simples, pero no se quieren abordar. Bastaría con prohibir las horas extras y en su lugar aumentar las plantillas de trabajadores. Estas dos sencillas medidas darían la vuelta al problema. Según un estudio de CCOO de noviembre pasado, las horas extras realizadas en el primer trimestre darían para crear más de 170 mil empleos a jornada completa.
Está claro que los políticos no van a morder la mano que les da de comer. Las reformas laborales son las únicas responsables de la situación de explotación, abusos e incluso de situaciones violentas que se vive en muchas empresas. Estas reformas laborales se hicieron con la finalidad de beneficiar a la patronal, bajo el pretexto de mejorar la competitividad y la creación de empleo. Pero vemos que la situación es bien distinta para la clase trabajadora.


Hablar ahora de horas extras y de mejora de empleo es de un cinismo absoluto. El problema, como sabemos, no son solo las horas extras, son muchas cosas que no se dicen y que los políticos de turno no mencionan. Por ejemplo, muchas empresas prohíben a sus trabajadores afiliarse a un sindicato, cuando está recogido en las leyes laborales. ¿Contra eso no se piensa hacer nada? Es decir que quien manda es el patrón y por tanto es él quien decide lo que se hace dentro de su empresa.
Para arreglar las cosas hay que decir claramente que el sistema capitalista vive de la explotación laboral, pero se engaña al currante bajo el espejismo del control, dejando las manos libres al empresario.
A estas alturas se conoce en alto grado aquellas empresas que abusan de las horas extras, o de los contratos precarios, de jornadas sin descansos, etc. Se sabe a la luz de los datos, pero no se actúa contra ello. No solo eso, el trabajador sigue indefenso, más de una intervención de la Inspección de Trabajo se ha saldado con algún trabajador de patitas en la calle.
Por poner otro ejemplo: Las empresas que obligan a sus trabajadores de forma sistemática a hechar horas extras, ya se han encargado de hacer que los responsables transmitan a los empleados la “obligación” de que únicamente queden reflejadas 40 horas semanales. Pero, aun así, sigan trabajando las 45 horas que hacen actualmente, de las cuales, únicamente cobran a razón de 40. ¿Se puede demostrar que esto no sucede asi?
Un trabajador, que prefiere seguir en el anonimato, argumentaba: “¡Qué bien! ¿no? Ahora, aparte de seguir haciendo horas extras sin cobrarlas, tenemos que ser puntuales. Y gracias también por tener que trabajar hasta los 67. Porque, si ya estamos firmando nóminas que no cobramos, ¿hay algo que impida firmar unos horarios que no se cumplen?”
Ninguna ley va a mejorar la situación de la clase trabajadora. Este RD aparenta ser duro y eficaz, pero sólo lo aparenta. La clase trabajadora es la única que puede llevar esas medidas urgentes en la práctica. Erradicar la precariedad laboral mediante una lucha firme contra la patronal, expropiando empresas que incumplen leyes y controlando las cuentas de las mismas.

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