¿Hacienda somo todos? Mentira, los impuestos son un robo a los trabajadores para que no paguen los patrones

Mientras no cesan los rumores de nuevas subidas de impuestos, Montoro –ministro de Hacienda- ha declarado que está preparando una reforma tributaria que entraría en vigor en 2015. Ya adelanta que la nueva reforma debe “incentivar” a quienes tienen que invertir, o sea, a las empresas. Anuncia, además, que esta reforma va a satisfacer a los ciudadanos porque “se trazará un programa de reducción del impuesto…”. Con todas las mentiras que el gobierno lleva dichas, no son muy creíbles sus declaraciones; de hecho su homóloga Fátima Báñez acaba de subirle las cotizaciones sociales a los autónomos, apretando así un poco más la cuerda que tiene a este colectivo asfixiado.

Algunas personas pueden creerse que “hacienda somos todos”, y que para que la sanidad y la educación pública funcione es necesario pagar impuestos. El problema es que los impuestos lo pagamos siempre los mismos: los trabajadores y las clases populares a través del IVA y del IRPF. El problema es saber qué clase social debe pagarlo. Pues bien, los trabajadores, ya sean asalariados o autónomos, que viven solo de su trabajo sin explotar a nadie, no deben pagar impuestos pues estos sirven esencialmente a la burguesía. Cuando muchos hablan de que pagar impuestos es un “acto ciudadano”, que “hacienda somos todos”, se está lejos de las palabras de la Internacional que decía muy justamente después de 1871 que “el impuesto sangra al desgraciado” …

Muchos nos dicen que los impuestos son necesarios para tener los servicios públicos. Pero hoy día los servicios públicos sirven cada vez más para financiar a capitalistas privados indirectamente, cuando no los privatizan. El Estado se ha vuelto, cada vez más, en una muleta de apoyo para los capitalistas para que estos sigan realizando sus beneficios sin tomar el menor riesgo. Con la crisis el Estado se ha vuelto el principal asegurador de la burguesía, yendo en su ayuda a la menor dificultad. Pero para financiar todo esto el Estado burgués no quiere tocar la plusvalía.

Recorta los salarios, directamente y a través de los impuestos –directos e indirectos- , a través del IVA y otras muchas tasas que se pagan. Pero el salario no es más que la retribución, ya insuficiente, de la fuerza del trabajo. No es necesario recortarlo aún más para financiar el Estado burgués. En efecto en tanto que la burguesía posee los medios de producción, se apropia toda la plusvalía creada por el trabajo humano; tan solo con ella se podrían pagar todos los impuestos. El único impuesto justo es precisamente un impuesto fuertemente progresivo para las rentas del capital, ya sea sobre los beneficios de las sociedades, o sobre las fortunas individuales de los capitalistas o rentistas de diversa naturaleza.

No obstante, se necesita un programa de clase a defender, y que incluya esta cuestión de los impuestos. En tanto que el Estado esté en manos de la burguesía ninguna reforma fiscal va a ser favorable a los trabajadores, ninguna política fiscal podrá se justa.

Los impuestos en esta sociedad capitalista los pagan la población trabajadora para que el Estado y los servicios públicos puedan funcionar y no los banqueros, grandes empresarios y ricachones que encima de no pagar, se benefician con miles de millones de subvenciones. Por estas razones son los ricos, los capitalistas los que deben pagar los impuestos y no los trabajadores.