Hace 150 años: 1870, los inicios de la Comuna de París

El 4 de septiembre de 1870, la población impuso la caída del emperador Napoleón III, derrotado por el ejército prusiano dos días antes,  y  la proclamación de la república. Si bien los insurgentes dejaron el poder a un gobierno provisional llamado Defensa Nacional, no estaban dispuestos a dejar que actuara como quisiera.  Los meses que culminarían con la proclamación de la Comuna el 18 de marzo de 1871 fueron meses de movilización revolucionaria.

En junio de 1848, la represión había provocado 4.000 muertos y miles de trabajadores habían sido encarcelados o deportados. Años después, el movimiento obrero se reconstruyó, a pesar del régimen dictatorial del Segundo Imperio.

La clase trabajadora había crecido tanto numérica como políticamente. Hacia 1870, las fábricas Schneider de Creusot reunían a 10.000 trabajadores. En París, también había algunas grandes empresas establecidas, especialmente, en municipios que acababan de incorporarse a la ciudad, como Les Batignolles, Belleville, Grenelle o La Villette. Más de 2.000 obreros trabajaban en la planta metalúrgica de Cail en Grenelle. Sin embargo, los trabajadores de las fábricas eran minoría en la capital. La mayoría de    los    trabajadores    estaban empleados por artesanos que trabajaban con uno o dos asalariados. Un conjunto de pequeños comercios, zapateros, ebanistas, lavanderas, costureras, tipógrafos, encuadernadores, formaban el París obrero.

La lección de 1848 fue  que los intereses de los trabajadores se oponen radicalmente a los de la burguesía, incluso cuando esta última está adorna con los colores republicanos. No había sido olvidado por activistas y trabajadores conscientes. La organización obrera estaba progresando. Se crearon sindicatos más o menos tolerados: barnizadores, tipógrafos, mecánicos, de la fundición, pero también  de  empleados.  Tras la crisis económica de 1867, se convocaron numerosas huelgas en el país, como la de Creusot en 1870.

Las   ideas   socialistas también avanzaban en la clase trabajadora. La referencia aún no era el socialismo científico de Marx. Pero los trabajadores aspiraban a una “república social”, lo que para los activistas de la época significaba una república obrera. En 1864, los trabajadores   convencidos   de la necesidad de  unirse  más allá de las fronteras  crearon  la Asociación Internacional de Trabajadores, a la que se habían unido Marx y Engels.

El 3 de  marzo  de  1869, Marx escribía: “Los parisinos comienzan de nuevo formalmente a estudiar su pasado revolucionario y se preparan para la revolución que les espera. “ Tenía razón.

Los trabajadores indignados por el desempleo y los salarios insuficientes, por la jornada laboral demasiado larga, hasta las 12 horas, ya no querían la dictadura   de   Napoleón   III. La derrota de éste ante el ejército prusiano en Sedán desencadenó  la   insurrección. El 4 de septiembre, la masa obrera invadió la Asamblea e impuso la república. El gobierno provisional, formado por unos pocos republicanos pero cuya presidencia estaba confiada al general Trochu, juró defenderla, pero sobre todo llamó a la calma. “La gente no olvidará que está frente al enemigo”, pretextaba.

Los trabajadores más conscientes no se hicieron ilusiones sobre este gobierno. Delegados de sociedades obreras y secciones de la Internacional se  reunieron  el  mismo  día para  exigir  “la   abolición   de la prefectura de policía y la organización de una fuerza de policía municipal, la destitución inmediata de la magistratura imperial” , “la elección inmediata del municipio de París ” . Ante la ausencia de respuesta del gobierno, los delegados de los trabajadores decidieron formar un comité de vigilancia.

Contra el ejército prusiano, las clases populares querían defender una república que veían como propia. Pero este gobierno tenía otra prioridad en mente: establecer su autoridad en París y en todas las ciudades  donde se había levantado el pueblo. De hecho, las ciudades de provincias fueron atravesadas por la misma agitación revolucionaria que París. Comunas se habían creado en septiembre en Lyon, luego en Marsella en noviembre o incluso en Toulouse. El llamado gobierno de Defensa Nacional no podia tolerar estos órganos de poder que emanaban del pueblo y se comprometió a reprimirlos por todos los medios.

Para la burguesía, la clase obrera representaba un peligro mucho mayor que el ejército prusiano. Estaba demasiado activa, demasiado organizada, ¡e incluso estaba armada!

En París, junto a las tropas del ejército regular, había una Guardia Nacional, originalmente una  milicia  burguesa,  pero que estaba abierta a todos los ciudadanos sin distinción social desde agosto de 1870. Desde finales de septiembre 1870, se formaron 250 batallones,  que reunieron a  300.000  hombres, organizados sobre la base de los distritos parisinos. Los batallones de los barrios  populares estaban compuestos por obreros, artesanos y pequeños comerciantes. Habiéndose concedido una paga de treinta sous* diarios (el salario de un trabajador era de cinco francos, o cien sous* diarios), muchísimos obreros desempleados engrosaron los batallones de estos distritos obreros. Esta Guardia Nacional estaba, pues, compuesta principalmente por trabajadores.

El asedio de París por las tropas prusianas, que comenzó el 19 de septiembre de 1870, tuvo consecuencias catastróficas para la población parisina. Tuvo que enfrentar el hambre, los bombardeos. Los ricos habían abandonado la capital hacía mucho tiempo. La desconfianza hacia este gobierno era  cada vez más fuerte. Los comités de vigilancia, creados a partir del 5 de septiembre en cada distrito, habían     elegido     delegados. Se formó un Comité Central Republicano de los veinte distritos, que la clase obrera París consideró rápidamente como su dirección política. Participaron activistas sindicales, miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores, como Varlin, o simpatizantes del revolucionario Blanqui, que libraban sin descanso una campaña de agitación contra el gobierno. Frente   a   los   trabajadores que estaban aprendiendo a organizarse, éste estaba bajo vigilancia.

El 31 de octubre de 1870, ante la noticia de tres derrotas militares y el intento del gobierno de exigir un armisticio, la multitud invadió      el      Ayuntamiento de París al grito de “Viva la Comuna”  y  “No  al  armisticio”. Una delegación del Comité de los   Veinte   Distritos   proclamó la caída del gobierno. Éste, sin embargo,     logró     desmovilizar a los revolucionarios con la promesa de realizar elecciones municipales,     provocando     el fracaso de la insurrección. Marx escribió sobre este tema: “Si la Comuna   hubiera   obtenido   la victoria a principios de noviembre de 1870 en París (en un momento en que ya estaba establecida en las grandes ciudades del país), seguramente habría encontrado eco y se habría extendido a todos Francia. “

No fue así. Un nuevo intento insurreccional tuvo lugar el  22 de enero de 1871, pero también fracasó. Seis días después, el 28 de enero, se firmaba el armisticio con Prusia. La burguesía tenía entonces una sola obsesión: desarmar a los trabajadores, acabar con la amenaza que representaban para ella. No iba a conseguir evitar el nacimiento, pocas semanas después, el 18 de marzo de 1871, del primer poder obrero de la historia: la Comuna.

*sou: moneda francesa equivalente a cinco céntimos de franco.

Traducción de un artículo de Aline Retesse – Lutte Ouvriére (http://www.lutte-ouvriere. org/

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