Guerra comercial: los efectos catastróficos del capitalismo

Traducción del artículo aparecido en Lutte Ouvriere el 13 julio de 2018

 

 

No pasa semana y día sin que la guerra comercial desencadenada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tome un nuevo impulso y se generalice a los más grandes estados capitalistas del mundo. Hasta tal punto que los organismos económicos oficiales se han visto obligados de mesurar el impacto. Pero se trata de una misión imposible, las consecuencias pueden desencadenarse en cascada en un mundo capitalista en crisis desde hace decenios. Pues se han acumulado riesgos que son bombas de relojería que pueden estallar en cualquier momento.

 

En efecto, es evidente un aspecto político de la guerra comercial desencadenada por Trump como resultado inmediato: las próximas elecciones de noviembre que con su eslogan “America first” (América primero) permitirá aunar las máximas voces en su favor con ese discurso nacionalista. Pero las medidas de la administración norteamericana son ya efectivas. La tasación del 25% a las importaciones chinas que suponen 34.000  millones de dólares. Por su parte China ha respondido con medidas similares a los productos estadounidenses. Como respuesta Trump ya habla de tasar otros productos chinos por valor de 450 mil millones de dólares.

 

Esta guerra comercial no solo concierne a China, también sus vecinos Canadá y México y supuestamente ligados por el acuerdo de libre comercio que en teoría impide estas prácticas. Y esta subida de aranceles toca a Europa en el sector del acero, con el riesgo de extenderse a la industria del automóvil y otros

 

En escasas semanas esta guerra comercial está llegando a mayores en la economía mundial. El semanario económico Les Echos titulaba hace unos días: “Las consecuencias de una guerra comercial mundial”. Diversos organismos económicos oficiales en Francia y en el mundo encaran en estas condiciones la posibilidad de un retroceso en la producción mundial. Sería comparable  al ciclo de crisis comenzada en 2008/2009 en cual decenas de millones de empleos fueron destruidos.

 

Un repliegue de las economías detrás de sus fronteras nacionales sería catastrófico para la economía mundial hoy en día, como nunca en la historia del capitalismo, puesto que las economías son totalmente interdependientes. Es toda la producción mundial que ve atravesar sus componentes cinco, diez, veinte veces o más las fronteras antes de ser expuestas en los mercados. La interdependencia de toda la economía mundial es hoy mucho mayor, sin parangón a la que había en el momento de la gran crisis de 1929, crisis que costó 25 años de dictaduras y de guerras.

 

Las consecuencias de un repliegue nacional serían hoy más catastróficas incluso para los propios capitalistas norteamericanos. El propio gobierno chino ha hecho saber que sobre 34.000 millones de productos chinos sometidos a los aranceles de EEUU, 20.000 millones son fabricados por empresas de capital extranjero, entre las cuales se encuentran en un porcentaje alto las norteamericanas, que sufrirían las consecuencias de la subida de aranceles. En efecto, son empresas norteamericanas las que piden a las chinas la fabricación de sus componentes que entran en la fabricación de su producción.

 

Además hace falta indicar que las decisiones de Trump y de otros jefes de estado son susceptibles de provocar una crisis financiera en una economía transformada en un casino por la masa de capitales especulativos en circulación.

Hoy con la agravación de la crisis, la marcha de los beneficios decrecen y cuesta mantenerlos al alza pues de un lado está la guerra abierta contra el mundo del trabajo y por otro la competencia exacerbada entre los diversos capitalistas.

 

El Estado más poderoso del mundo, los EEUU espera hacer valer sobre la espalda de los otros sus prerrogativas y los beneficios de sus propios capitalistas. ¿Al riesgo de un hundimiento general? Pues si, como siempre. Si los capitalistas fueran “razonables” y no buscaran otra cosa que el beneficio inmediato, es decir cada uno para sí mismo y el diluvio para los demás, no serían capitalistas. Es urgente derrocar este sistema enfermo y loco.

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