Foro de Davos, el foro de los ricos y de la hipocresía

Este año, por la pandemia, el Foro de Davos, en su 51 edición, va a tener una primera fase virtual y tendrá otra presencial en mayo; este foro todos los años celebra una cumbre internacional dónde  se  dan  cita los mayores empresarios  del mundo, multimillonarios, políticos y organizaciones sociales y culturales; el lema de este año es “El gran reinicio”.

Jefes de estado, de gobierno, políticos y miembros destacados de la sociedad, grandes  empresarios,  medios de  comunicación  y  un  sinfín de personalidades públicas de medio   mundo   suelen    asistir a estos foros en Davos, una estación de esquí de lujo en Suiza. Dicen muchos periodistas de los que asisten, que son los que toman las decisiones en el mundo. El año pasado este foro debatió sobre la ecología y la necesaria transición ecológica para preservar el planeta. Pura retórica.

En su agenda actual está discutir y elucubrar acerca del mundo del trabajo, su desarrollo sostenible y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías  porque hay que dar respuestas y soluciones –dicen- a los desafíos del mundo. “Una cumbre de liderazgo mundial es de crucial importancia para abordar cómo podemos recuperarnos juntos”, en palabras de Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.

“La cooperación público- privada es más necesaria que nunca para reconstruir la confianza y abordar los errores cometidos en 2020”, afirma.  Los desafíos que nos ha traído  la   pandemia,   argumentan,  han acelerado  tendencias  que ya se veían venir, como la digitalización. Concluyen que hay que recoger los avances de  la cuarta revolución industrial, como la llaman, para diseñar “sistemas económicos cohesivos, sostenibles y resilientes”. Todo un plan, que se puede resumir en cómo seguir haciendo negocios, respetando lo que se pueda el medio ambiente y haciendo que las inversiones públicas ayuden en los malos tiempos.

El año pasado celebraba sus reuniones “totalmente neutral en carbono”, utilizaron alimentos de origen local, fuentes alternativas de proteínas para reducir el consumo de carne, el suministro de electricidad 100%  renovable y la  reducción  o  eliminación del uso de materiales que no pueden reciclarse o reutilizarse fácilmente, así como la introducción de más vehículos eléctricos porque les quitaba el sueño el calentamiento global y la ecología, pero poco hicieron luego para que las grandes multinacionales no avancen en su destrucción del planeta.

“El capitalismo descuidó el hecho de que una empresa es  un organismo  social,  además de un ente con fines de lucro. Esto, sumado a las presiones ejercidas por el sector financiero con respecto a la obtención de resultados a corto plazo, provocó que el capitalismo estuviera cada vez más desconectado de la economía real. Somos muchos los que hemos visto que esta forma de capitalismo ya no es sostenible”, ha llegado a escribir el fundador de Davos, Klaus Schwab.

Y mientras todo esto suena muy bien, para quien se lo crea, el verdadero alma de los foros Davos no son los debates, que entre tanto profesor y personal de alto nivel, no podrían ser  más políticamente correctos. Lo verdaderamente importante en Davos son las relaciones entre poderosos que se establecen, las alianzas y contactos que se hacen. Lo demás no es más que una farsa pues tras tanto debate  y  foro  las principales multinacionales siguen destruyendo espacios naturales, contaminando aguas, sobrecalentando     el     planeta, y  asfixiando  con  sus  políticas  a millones de personas en el mundo para las cuales la cuarta revolución industrial es seguir haciendo dinero a gran escala utilizando la ecología o lo que haga falta.

En   nombre   de    la transición ecológica, de las nuevas tecnologías, lo que verdaderamente se  está tratando es de salvar los grandes negocios y a los grandes grupos empresariales, los cuales pedirán la “colaboración” de lo público para seguir haciendo caja.

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