Españoles, Botín ha muerto

El mayor banco europeo se ha quedado sin presidente. Pero solo por unas horas, porque en similitud con las familias reales, el puesto ha sido heredado por su hija, al igual que Emilio Botín lo heredó de generaciones anteriores. Esto la convierte en una de las mujeres más poderosas de Europa. Y eso gracias a una empresa que –se supone- sirve de puente entre el ahorro y el crédito. Curiosa manera de lograr poder: recogiendo el dinero de los trabajadores para luego tenerlos sometidos a cambio de devolvérselo cobrándoles intereses. Y es que no hay gran fortuna o gran ahorrador que no lo haya sido, sino a costa del sudor de los que trabajan.

En su etapa hizo crecer al banco con la ayuda y connivencia de los gobiernos, con los que siempre supo estar, fueran del signo político que fueran. Los más críticos dicen que el poder real era él y que los gobiernos estaban a su servicio. Un poder que se basaba en gran medida en el control al que sometía a la economía y posible gracias a la concentración de entidades que logró controlar. Una de ellas fue la absorción de Banesto que había sido intervenida por el Estado al tener un agujero patrimonial de 3.636 millones de euros. Agujero que pagamos del erario público y que pasó a engrosar la cuenta de resultados del grupo Santander.

A su muerte sólo se escuchan elogios por lo bien que expandió su imperio. Pero apenas escuchamos voces que reflejen al Botín evasor fiscal y causante de daños a millones de familias. Como epitafio recogemos lo que en una sentencia dijo de él el Tribunal Supremo español: “su actuación transgrede la ética y repugna socialmente”.