En Marruecos, otra tragedia de la miseria

El domingo 19 de noviembre murieron al menos 15 mujeres en una estampida Sidi Boualem, en la región de Esauira en Marruecos.

Centenas de mujeres se presentaron para recoger alimentos distribuidos por una asociación religiosa, y cundió el pánico. El rey anunció que se hacía cargo de los gastos de hospitalización y funerales, así como una investigación para encontrar a los culpables.

A las autoridades no se les ocurre otro argumento que la falta de organización de los mecenas y de las mujeres que acudieron al reparto. Pero la culpa la tiene la miseria que impera en los campos de Esauira, y se manifiesta en las condiciones de vida, de salud y de educación.

El acceso al agua corriente, potable y asequible sigue siendo un sueño para una parte de la población, especialmente campesina. Desde este verano, en la región de Zagora, una parte de los habitantes, hartos, se manifiestan contra la escasez recurrente de agua. La respuesta del rey ha sido crear una comisión para estudiar el problema, y sobre todo reprimir y encarcelar a decenas de manifestantes, esperando que así no se extienda la contestación al resto del país. Últimamente, un movimiento de protesta popular, el hirak, ha sacudido durante un año entero parte de la región del Rif.

Al día siguiente de la distribución en Sidi Bualem, una centena de manifestantes denunciaban en Casablanca el hecho de que en Marruecos, en 2017, se ve a gente peleándose y muriéndose por de harina o aceite.

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