En la situación actual, ante la política de la burguesía, la clase trabajadora tiene que preparar su respuesta

La burguesía tiene un programa económico y social preciso, acuciada por la crisis capitalista. Para llevarlo a cabo, sus diversas fracciones políticas compiten entre ellas para gestionar el Estado. Responden a los intereses de la burguesía, son organizaciones o partidos de la gran patronal, ligados por lazos familiares, de dirección en los consejos de administración, o a través de prebendas, subvenciones, comisiones, préstamos etc. Estos partidos, como PP o Ciudadanos, son financiados por la banca y empresarios, en general corrompidos por el sistema económico. Y en estas fracciones entra de lleno la dirección del PSOE.

No es cuestión de regímenes políticos o formas de Estado, monarquías o repúblicas, dictaduras, dictablandas o democracias parlamentarias. Lo que caracteriza la sociedad capitalista es el dominio político y social a través del Estado de la estructura económica empresarial y de la burguesía a través de la propiedad privada de los medios de producción.

El programa económico y social de la burguesía tiene sus matices diferenciales entre sus distintas fracciones pero todos ellos tienen en común la misma política: atacar las condiciones de trabajo y de vida del mundo del trabajo y de las clases populares para mantener los beneficios capitalistas y así lograr el “crecimiento económico”, utilizando su terminología. Para ello pusieron en marcha toda una serie de medidas ya desde la crisis económica de finales de los 70 y que se reactivaron con la política de austeridad a partir de la crisis de 2007/2008.

En primer lugar han ido privatizando empresas estatales básicas de las comunicaciones, electricidad, energía, aeropuertos, servicios municipales de agua, residuos etc. En estas ventas los beneficios se realizaron con intermediación de los políticos dirigentes de los grandes partidos, PP/PSOE fundamentalmente en el ámbito nacional, y en el terreno autonómico a través de los nacionalistas en aquellas zonas con gran implantación, es decir, Cataluña y Euskadi. Estos políticos fueron bien pagados por sus dueños: han terminado ocupando puestos en los consejos de administración de estas empresas.

En segundo lugar se hicieron las reformas laborales tendentes a bajar los salarios, precarizando la clase trabajadora, creando la división entre los trabajadores fijos de las grandes empresas y administración y la inmensa mayoría de los asalariados con sueldos menores o igual a los 1000 euros en la actualidad. Los ERE/ERTE, el despido libre y barato, ha permitido a la patronal despedir trabajadores fijos con antigüedad para contratar en precario, directamente o a través de la subcontratación.

En tercer lugar se mantiene una “reserva de mano de obra”, que no baja de 3 millones de trabajadores desde hace decenas de años y que junto a los contratados temporales, interinos, a tiempo parcial etc. son el 50% de la población activa asalariada. Este desempleo estructural permite tener atenazada a la clase trabajadora, dividida, parcelada y con temor a ser despedido o seguir en paro.

Finalmente, a partir de la última crisis, los distintos gobiernos del PP y PSOE, Ciudadanos, PNV, CiU (PDeCAT), ERC, con o sin pactos entre ellos pusieron en marcha políticas de austeridad que propiciaron recortes de los servicios públicos esenciales en sanidad y educación y en general en todos los servicios sociales. Mantuvieron las mismas políticas laborales que sus antecesores, sus reformas deteriorando para los trabajadores los derechos y condiciones laborales, y rescataron a la banca con dinero público, terminaron de privatizar empresas como las cajas de ahorros, y externalizaron servicios públicos en una privatización a ritmo lento con la ley Montoro de financiación.

En Cataluña, como en las demás autonomías, como en el gobierno central, han sido y son las mismas políticas de la burguesía. Creer que sería un paso adelante la independencia, además de inviable en las circunstancias que desean Puigdemont y Junqueras como se ha demostrado, es caer en las ilusiones de la pequeña burguesía, además de falso.

El problema fundamental que tenemos es preparar la respuesta de la clase trabajadora. Por eso es necesario que la lucha de la clase trabajadora, sus objetivos de clase y sus perspectiva políticas, se visualicen. Si ésta no aparece como movimiento independiente con un programa propio las posibilidades de cambio social y político se retrasarán.

El número es la fuerza de la clase trabajadora; si está en lucha por sus propias reivindicaciones contra el capital podrá vencer, puesto que la burguesía, la patronal, es una minoría. Esta es la estrategia del movimiento obrero. En el Manifiesto Comunista se explicaba que “a veces los obreros triunfan, pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de las luchas no es el éxito inmediato, sino la unión más extensa de los obreros.” Uniendo las luchas locales, uniendo unos trabajadores con otros para que “se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases.”

Actualmente este partido no existe y desde Voz Obrera intentamos ayudar a construirlo participando en las luchas obreras y movilizaciones de las que podemos intervenir. Como ejemplo están las Marchas de la Dignidad. En esta línea las Marchas supusieron millones de personas bajo un lema “Pan, Trabajo, Techo” que resumía las reivindicaciones básicas de la clase trabajadora independientemente de donde viviera. En Madrid millones de personas se manifestaron el 22 de marzo de 2014. El grito de “viva la lucha de la clase obrera” se hizo tan popular que se corea en todas las manifestaciones. Después se han seguido realizando marchas masivas a Madrid y en cada ciudad importante, en 2015, 2016 y 2017. Sin embargo el conflicto catalán desvió todo hacia posiciones soberanistas; los nacionalistas de izquierda dejaron de apoyar las reivindicaciones de clase y se ha roto la unidad.

Los militantes de Voz Obrera intentamos intervenir impulsando las luchas desde la perspectiva de la lucha de la clase trabajadora. Nuestra participación en los comités de las Marchas tienen ese objetivo. Desde el comité local de las Marchas de Sevilla animamos la Asamblea de trabajadoras y trabajadores en lucha, donde trabajadores individuales y de distintas empresas y sectores explican sus problemas y sus luchas. Algunos de los compañeros que participan en la Marchas ven en la asamblea de trabajadores una posible salida al impase del movimiento unitario que fueron las Marchas de la Dignidad. Desde nuestras filas vamos a intentar que las luchas obreras se visibilicen y la unidad y solidaridad obrera sean un hecho. El manifiesto que adjuntamos recoge 6 reivindicaciones que son la expresión de los problemas individuales y colectivos de las mujeres y hombres que son comunes a todo el mundo del trabajo del Estado. Pero esto no será suficiente sin una perspectiva política de clase. Y esta perspectiva solo podrá realizarse si construimos el partido de la clase obrera.

La clase trabajadora además debe tener su partido, su organización política que pueda lidiar con los partidos de la burguesía y que proponga una perspectiva de cambio social hacia el socialismo para la toma del poder por la clase trabajadora. Sin organización política, sin partido, la clase trabajadora, aunque exprese su combatividad, no podrá nunca acceder a las transformaciones sociales necesarias para derruir el capitalismo.

Esta crisis pone en evidencia la necesidad imperiosa de construir un partido obrero comunista y revolucionario. Ni en el parlamento del Estado ni en las autonomías hay una fuerza política que se reclame de la clase obrera que recoja un programa que defienda sus intereses de clase. Las luchas obreras son continuas aunque no se visualicen. Continuamente en las empresas existen conflictos que se expresan, individualmente, colectivamente, empresa por empresa o localmente. Sabemos que con deseos no es suficiente construir el partido, nacerá de las luchas que existen y que son inevitables. Y para ello es indispensable que haya militantes formados que intervengan en las luchas de la clase trabajadora.


La crisis política en Cataluña y su repercusión en España, diciembre de 2017

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