En Irán la contestación obrera no para

El régimen de los mulás sigue reprimiendo a las mujeres que se quitan el velo públicamente, “manipuladas por los enemigos de Irán” según el presidente Jamenei, y a los trabajadores que reclaman el pago de sus nóminas.

El 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, la policía detuvo a veinte mujeres manifestándose frente al Ministerio del Trabajo por unos sueldos iguales y justos. El día anterior, el fiscal había condenado a dos años de cárcel, entre los cuales tres meses firmes a una de las mujeres que se había quitado el velo en público.

También se silencia, en la prensa occidental, la lucha de los trabajadores, en varias ciudades, por el pago de sus nóminas. Parte de los 3.000 obreros de la refinería de azúcar de Haft Tapeh (Juzestán) llevan tres semanas movilizándose porque no han cobrado, y denuncian porque los directivos les roban las pagas extras y bajan los sueldos arbitrariamente.

Lo mismo vienen haciendo los trabajadores de la planta siderúrgica de Avhaz, concentrándose todos los días frente a la sede del gobierno de Juzestán o a la mezquita, gritando “nuestra mesa está vacía” y “somos obreros, no delincuentes”. El propietario de esa empresa es una persona cercana a las milicias del régimen, además propietario de la aerolínea Zagros Airlines y de una cadena de hostelería. En Salmas, en el noroeste, los ferroviarios de la compañía Travers también reclaman el pago de sus nóminas atrasadas, el fin de los contrarios precarios de muy corta duración y las pagas extras. Con cierto humor negro pusieron en sus pancartas “!Muerte a los trabajadores, que vivan las autoridades!”

Muchas familias no van a poder celebrar las fiestas de Norouz, la noche vieja iraní, a falta de dinero, y esto aumenta el descontento. En la zona de Isfahán, son los campesinos los que se manifiestan contra las mafias locales que desvían el agua. Fueron reprimidos por los antidisturbios.

Ante estas movilizaciones de trabajadores que demuestran su determinación y su capacidad de organización, el régimen reacciona con la represión y una campaña de propaganda. Jamenei acusa a los huelguistas, lo mismo que a las mujeres que protestan, de estar manipulados por los enemigos de la república islámica y provocar una recesión económica. Por lo visto no es suficiente como para apagar la contestación.

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