El proyecto político de Yolanda Díaz “SUMAR”: Vino nuevo en odres viejos

El pasado 8 de julio presentó Yolanda Díaz en el Matadero de Madrid un nuevo proyecto que quiere situarse a la izquierda del PSOE; pretende recoger los votos que tradicionalmente obtenía IU y más tarde Podemos y sus confluencias. Se preparan para las elecciones generales de noviembre de 2023. En vista de que electoralmente Podemos se hunde y las uniones posteriores, como se vio en las últimas elecciones autonómicas de Andalucía, pierden votos a raudales, Yolanda Díaz referente de la  “izquierda” gubernamental intenta presentar su candidatura, darse a conocer y comenzar un proceso que ella llama de “escucha” para realizar un “movimiento” ciudadano que lleve a un nuevo “contrato social” democrático que vaya eliminando las desigualdades a través de una “fiscalidad” que haga que los ricos paguen. En definitiva, una vuelta más al engaño electoralista sin proponer medidas de luchas que ataquen o frenen la política de la patronal y de la burguesía que mantiene sus beneficios a costa de la explotación del trabajo asalariado, y que se recrudece hoy en día con la inflación, en un capitalismo en crisis total como lo muestra el avance continuado de la precariedad laboral o el cambio climático, entre otras muchas cosas.

 

Más de lo mismo, nada nuevo para la clase trabajadora

Puede extrañarnos que en pleno siglo XXI una dirigente de izquierda como Yolanda Díaz base su programa político en “el contrato social” y en una fiscalidad progresista. Como sabemos el “contrato social” es un concepto propio del siglo XVIII y propio de la burguesía en su conquista del poder político. Fue J.J. Rousseau el padre de esa criatura y concebía la sociedad como un conjunto de individuos que pactaban acuerdos para organizarse en sociedad. Eran los comienzos ideológicos de la sociedad burguesa.

Sin embargo, la sociedad está organizada en base a la lucha de clases. El capital y su revalorización se realizan a través de la extracción de beneficios explotando al trabajo asalariado. Bajo el  capitalismo, el orden social en el que vivimos,   el poder se encuentra en los que poseen los medios de producción, intercambio o financieros. ¿De verdad creen los nuevos hacedores de “SUMAR” que un acuerdo social, un contrato social, entre los asalariados, -la inmensa mayoría de la sociedad-, con los poseedores del dinero y de los medios de producción va a generar cambios sustantivos y perdurables para la mayoría?

Los proyectos utópicos tuvieron su sentido a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pero el desarrollo del movimiento obrero y sus revoluciones, así como el avance en las ciencias sociales que terminaron de desarrollar el socialismo científico, pusieron las cosas en su lugar: los beneficios capitalistas son generados por la extracción de plusvalía al trabajo asalariado. Ni más ni menos.

Por ello creer que se van a resolver los problemas de la sociedad capitalista, la explotación del trabajo, el deterioro social de la educación y la sanidad, el cambio climático o la subcontratación…, con un contrato social, es una burla al conocimiento humano.  Este politiqueo es propio de todos aquellos que han abandonado el análisis científico de la sociedad, llevados por el ansia de obtener puestos políticos a costa de engañar una vez más a las capas de votantes de la izquierda y a la población en general.

 

¿Qué pretende SUMAR en realidad?

Las bases del programa reformista de SUMAR no pretende otra cosa que “mejorar” la sociedad capitalista, abandonando toda idea de lucha de clases y de clase trabajadora. Es al fin y al cabo una utopía en el peor concepto de este término. Resolver el problema de la crisis capitalista a través de subvencionar a las clases populares con el IMV, bonos al transporte, la gasolina etc. no hacen más que retrasar lo inevitable. El problema real de nuestra sociedad, hay que decirlo alto y claro, es la necesidad del capital de obtener beneficios para seguir funcionando y estos solo pueden venir de la explotación de los salarios. Con estas reformas y subvenciones lo que te dan con una mano, siempre las retira el capitalista con la otra, las reduce a la nada con la inflación que es el método en la actualidad más usual de la patronal para obtener sus beneficios. De poco sirve subvencionar el transporte, establecer un impuesto a las grandes empresas, o subir el SMI a 1000 €, si los salarios no se revalorizan automáticamente con el IPC y no hay un control obrero de las empresas.

En el fondo, el proyecto de Yolanda Díaz y de todos aquellos que la siguen y creen de buena fe en sus posibilidades, se transforma de hecho en una herramienta de los capitalistas para corromper a los trabajadores, engañarlos y reduciéndolos a la impotencia, llevarlos al desánimo y desmoralización. La prueba, su participación en el gobierno de “progreso”: la llamada Reforma Laboral del gobierno de Díaz es ejemplo de ello. Lo único que han hecho es enmascarar la precariedad laboral y la temporalidad con un contrato “fijo” que solo cambia el nombre, ni el despido se ha tocado. O el simple hecho de utilizar los ERTE, pagar con dinero de todos los trabajadores el paro eventual, salvando los beneficios empresariales. Lo que con una mano dan, con otra lo quitan.

La clase trabajadora necesita un programa de lucha, para rearmar políticamente a la clase trabajadora

El proyecto de “SUMAR” es una burla a la clase trabajadora. Es una renuncia a la transformación social de la sociedad capitalista y supone la liquidación de las fuerzas obreras corrompidas e integradas en el Estado – sindicatos mayoritarios y sus politiqueros- en una ilusión electoral que lleva a la autodestrucción. SUMAR, no es más que una trampa electoralista que  se  traducirá en una decepción más. Y finalmente, ¿qué espacio le quedará a Yolanda Díaz y sus reformistas, cuando el PSOE y Sánchez comiencen a realizar medidas que suenen a izquierda, como el impuesto a las eléctricas y a la banca, los cheques o los abonos al transporte? Ninguno. Todo indica que de la misma manera que el PP ha fagocitado a Ciudadanos y parado el auge de Vox, el PSOE recuperará de nuevo su espacio atrayendo al voto útil que se había ido a Podemos y sus confluencias. ¿La vuelta al bipartidismo o al turno de partidos liberal/conservador de tiempos pasados?

La única salida ante esta impotencia de esa “izquierda” reformista es volver a plantear a la clase trabajadora la necesidad de un programa de lucha, la creación de un partido obrero que tenga como meta cambiar la sociedad capitalista desde la raíz. Esto supone concienciar a través del análisis de la realidad y no de “novedades” ideológicas desfasadas y burguesas, levantando la bandera de la clase obrera. Cada vez se hace más imprescindible agrupar en las empresas a trabajadores y trabajadoras con un programa de lucha obrera.