El PCE se funde en una sopa de siglas

Desde la creación del Frente Popular en 1.936, pasando por la aparición de I.U, durante las movilizaciones anti OTAN de 1.986, hasta la integración en PODEMOS para las próximas citas electorales, el PCE estuvo dentro de todos estos intentos de “unir a la izquierda” para conseguir cuotas de poder en el parlamento burgués. “Que viene la derecha” “Hay que sacar al PSOE de la Junta de Andalucía” “Hay que hacer un frente común…” Siempre, en cada uno de estos momentos, que curiosamente coinciden con procesos electorales, la dirección del PCE ha puesto en funcionamiento su aparato para hacer campaña a favor de la confluencia. Ahora, los que hacían juicios políticos contra los militantes que participaban en movimientos obreros, de barrios o luchando contra los desahucios junto a gente de PODEMOS y otras organizaciones, van en listas conjuntas, todos muy unidos y con muchos “corazones”, con aquellos “oportunistas podemitas”.
El 25 de febrero se celebró un referéndum en I.U para preguntar a las bases sobre la posibilidad de ir junto a otras fuerzas en las próximas citas electorales. La dirección de I.U ha puesto todo su empeño en justificar la necesidad de confluir con PODEMOS y desde la dirección del PCE, como en cada cita electoral, el aparato de dirección despierta de su letargo y comienza a trabajar sin descanso pidiendo a la militancia su voto favorable. Los secretarios generales de I.U y PCE han calificado de favorable el resultado, anunciando que el 62% votó que sí; en contra lo hicieron el 35% y las abstenciones fueron el 3,7%. Lo que evitan reconocer es que la consulta no ha despertado la “ilusión” en el conjunto de las bases, que sí tienen los liberados, y tan solo el 27% de los inscritos han participado en la consulta. De 37.841 inscritos tan solo 6.393 han votado sí, pero desde la dirección del PCE se celebra como una amplia mayoría, y, es que cuando está en juego el futuro económico de la organización y con ello el sustento del aparato burocrático del partido, las cosas se ven de otra manera.
Mientras tanto, la clase obrera sigue huérfana de una organización de trabajadores y revolucionaria que utilice las instituciones burguesas, no para reformarlas ni mejorarlas, sino para desde ellas, como en cualquier otro frente de lucha contra la opresión de nuestra clase, extender nuestras ideas de sociedad comunista y libre de explotación, y unir a las masas trabajadoras en nuestra labor de eliminación de estas instituciones y la creación de verdaderos órganos de poder de los propios trabajadores. Aunque para algunos, fundirse en una sopa de siglas pueda ser, a corto plazo, su salvación.