El movimiento contra la reforma de las pensiones

El pasado 5 de diciembre se inició un movimiento amplio contra el proyecto de reforma de las pensiones. El comisario Delevoye publicó su informe el 18 de julio de 2019. Ya el día 13 de septiembre, fue masiva la huelga en RATP (transportes públicos de París y su cercanía), con diez líneas de metro cerradas y, en algunos sitios, un 100% de la plantilla en huelga. Se trata de la huelga más exitosa desde 2007.

 

El sindicato CGT organizó una movilización interprofesional el día 24 de septiembre, pero fue el resultado récord de la huelga del día 13 el que llevó a convocar otra huelga para el 5 de diciembre. Primero convocaron los sindicatos de RATP, luego los de SNCF (la Renfe francesa), y luego las confederaciones sindicales CGT, FO, Solidaires y FSU (funcionarios). El jueves 5 de diciembre, los agentes de transporte público de París, los ferroviarios, así como muchos profesores se pusieron en huelga. Ese día bajaron a la calle entre 800.000 y 1,5 millón de personas, con manifestaciones masivas en 250 ciudades, incluso pequeñas y medianas: 10.000 en Bayona y Saint-Nazaire, 7.000 en La Rochelle, 6.000 en Aviñón, 5.200 en Chambery, 4.000 en Beauvais y Auxerre, 3.200 en Agen, 3.000 en Compiegne o Auch, 1.000 en Vesoul, etc.

En la educación pública, la huelga llegó a cifras elevadísimas, con el nivel más alto desde 2003: si bien anunció el ministerio una tasa de huelguistas del 51,1% para el día 5 de diciembre, todo el mundo sabe que esas cifras no reflejan la realidad porque había como mínimo un 65% de huelguistas en las escuelas y casi tantos en la segundaria. Más de 15.000 escuelas no abrieron sus puertas.

Los sectores más movilizados son evidentemente la SNCF, la RATP y la educación, pero muchos trabajadores de los hospitales y empresas privadas fueron también a manifestarse contra esa reforma anti obrera. Todas las refinerías del país, así como Renault Trucks en Lyon, las empresas Legrand y Madrange en Limoges, los astilleros de Saint-Nazaire, Michelin en Bourges y Cholet, la plataforma Web Help en Compiegne, etc., han tenido sus huelguistas. Es de notar que muchos trabajadores han apoyado y siguen apoyando al movimiento, incluso entre los que no están en huelga.

El martes 10 de diciembre, en la calle no había tanta gente, pero igualmente fueron centenas de miles de personas (339.000 según dice la policía, 850.000 según los sindicatos) las que se manifestaron a pesar de que se preparó en unos pocos días.

El miércoles 11 de diciembre, el gobierno desveló su proyecto, muy parecido al informe de Delevoye; se trata de hacernos trabajar más tiempo y reducir las pensiones. Se sumaron a las protestas hasta las confederaciones CFDT y UNSA, cuyas direcciones suelen estar muy dispuestas a validar las reformas gubernamentales y se habían mantenido en la expectativa so pretexto de que no se conocía el proyecto de antemano. La fijación de una “edad de equilibrio” en los 64 años les pareció una “línea roja”. Ahora veremos si su compromiso con el movimiento es duradero.

Las asambleas de trabajadores que se reunieron el jueves 12 de diciembre decidieron en su mayoría seguir con la huelga. La mayor parte de las líneas de metro están cerradas, el tráfico ferroviario queda reducido al mínimo. El próximo día de huelgas y manifestaciones, el martes 17 de diciembre, será para todos una fecha importante.

Queremos dar a leer una fotografía del movimiento en sus inicios, basándonos en las intervenciones que hicieron en el congreso de Lutte Ouvriere los compañeros que trabajan en sectores movilizados; señalamos a continuación la política que nuestros compañeros podían tener.

En los transportes, RATP y SNCF

En RATP, los sindicatos, especialmente CGT y UNSA, han lanzado y dirigido la huelga. El sindicato corporativista UNAS fue el que lanzó la huelga anterior, de 13 de septiembre, cuyo éxito impresionó a todos, con trabajadores de base movilizándose para convencer a sus compañeros de ponerse en huelga y asistir a las asambleas. Fue el mismo sindicato el que llamó a una huelga reconducible a partir del 5 de diciembre; en RATP se sumaron los sindicatos Solidaires y CGT.

En SNCF, varios conflictos demostraron previamente a la huelga que los ferroviarios estaban dispuestos a luchar: paros en octubre (amparados por el derecho a no trabajar en caso de peligro) tras un accidente en el Este; huelgas sin aviso previo en los talleres del mantenimiento de Chatillon y Saint-Denis (cercanía de París) a finales de octubre y principios de noviembre. En este contexto, el sindicato Sud-Rail y luego CGT y UNSA de ferroviarios se sumaron al llamamiento a una huelga reconducible a partir del 5 de diciembre.

En RATP, otra vez la huelga fue masiva en el metro y los autobuses, los días 5 y 6 de diciembre. Sin embargo, la participación en las asambleas de trabajadores no siempre alcanzó el mismo nivel. En algunas terminales se reunieron unas decenas de trabajadores, en otras, 150.

Una fracción de los huelguistas defendía la perspectiva de una huelga reconducible hasta que se quitase la reforma, pero otros vacilaban, decían que querían aguantar hasta la semana siguiente pero que no seguirían con la huelga si no se sumaban a ellos otros sectores. También había huelguistas que contemplaban volver al trabajo de manera provisional, para no perder sus días de descanso.

En SNCF también, el 5 de diciembre fue un día récord en cuanto a número de huelguistas. La dirección de la empresa dio la cifra del 55,5% de la plantilla en huelga, sumando todas las categorías; en detalle, 65% de huelguistas en Ejecución (obreros, empleados), 61, 30% entre los jefes y 36% entre los ejecutivos. En comparación, el primer día de huelga contra la reforma ferroviaria, el 3 de abril de 2018, la cifra oficial de la dirección era del 33% de huelguistas.

Tanto en RATP como en SNCF, el número elevadísimo de huelguistas y el tamaño de las manifestaciones han animado a los trabajadores en lucha, conscientes de la amplitud del movimiento; y en todas partes las asambleas recondujeron la huelga.

La política de los sindicatos

 Los sindicatos han abanderado posiciones radicales, exigiendo que se quitase el plan de reforma, pero su preocupación ha sido mantener su control sobre el movimiento.

En algunas asambleas de trabajadores de RATP, el sindicato UNAS usó varias tácticas para contrarrestar la auto organización de los huelguistas: el día antes del 5 de diciembre, los responsables propusieron votar por Whatsapp la reconducción de la huelga en vez de ir a la asamblea. Al día siguiente, explicaron que, puesto que la huelga duraría hasta que el gobierno retirase el proyecto, no hacía falta reconducir cada día para el siguiente, ni hacer asambleas diarias y bastaba con tan sólo una cada dos o tres días…

Al contrario, en los trenes, el sindicato CGT llamó a asistir a las asambleas. Sin embargo, ya antes del inicio del movimiento, el secretario de la federación CGT de ferroviarios envió un correo de tres páginas a todos los trabajadores sindicalizados para explicarles cómo tenían que conducir su huelga. Explicó en la carta que, antes de cada asamblea de trabajadores, se tenía que reunir una asamblea del sindicato porque allí se toman las decisiones políticas tal y como la de proponer la reconducción de la huelga.

Hubo quien se lo tomó al pie de la letra, como aquellos militantes de Tours y Sotteville-lès-Rouen, que no veían por qué reunir asambleas para votar la reconducción de la huelga, y se opusieron a que las asambleas fueran soberanas.

En cuanto a reivindicaciones, por lo general los sindicalistas Sud-Rail y FO sólo defendieron el abandono de la reforma, excluyendo cualquier otra reivindicación. Por su parte, la CGT insistió para añadir reivindicaciones específicas de los ferroviarios, bajo una forma muy corporativista, por ejemplo, la exigencia de negociaciones por un nuevo convenio o una reforma ferroviaria. Pero las preocupaciones de los ferroviarios no son de tipo corporativista. Ellos saben que el rechazo a la reforma de pensiones es común a todos los trabajadores, así como lo es la cuestión de los bajos sueldos, el empleo y las condiciones laborales.

Nuestra política en el movimiento

En los inicios del movimiento, nuestros militantes han propuesto reivindicaciones propias de todos los trabajadores: contra la reforma de pensiones y todos los ataques anti obreros, por el derecho a un sueldo y una pensión decente. Se han opuesto a cualquier tentativa de división entre categorías, entre generaciones, entre el sector público y el sector privado.

Han respaldado todas las acciones que permiten hacer concreta la solidaridad y el interés común entre trabajadores: reparto de panfletos, toma de palabra, encuentros entre huelguistas, asambleas, manifestaciones de todas categorías.

No han ahorrado sus esfuerzos para permitir que los huelguistas controlen su huelga. Han defendido el principio de las asambleas soberanas y diarias, e incitado a la participación masiva en ellas, a pesar de las dificultades de transporte.

En este movimiento, dirigido por las confederaciones sindicales, nuestro objetivo ha sido la elección de comités de huelga, con la misión de implementar las decisiones de las asambleas, formados por huelguistas ya pertenezcan o no a un sindicato, elegidos por votación de los huelguistas y revocables. Sin ser capaces de dirigir el movimiento, los comités de huelga permiten que los trabajadores se apoderen de su huelga al nivel local, se repartan las tareas; permiten movilizarse y aprender a funcionar democráticamente. El 7 de diciembre, tanto en RATP como en SNCF, varios comités de huelga han sido elegidos en varios sectores. En RATP, desde el arranque, se eligió comités de huelga en un sector de Mantenimiento, así como en dos terminales de autobuses y dos terminales de metro.

En SNCF, se ha hecho comités de huelga en Estrasburgo, Nantes, Angers, así como en la región parisina, en la estación del Norte y estación del Este, en los centros de mantenimiento de TGV (AVE) de Chatillon y Villeneuve Saint-Georges. En muchos otros sitios, se ha hablado de comités de huelga durante las asambleas, y a veces se ha votado sobre el tema. A menudo, si no se ha puesto en marcha semejante comité, ha sido por la oposición tajante de los sindicalistas de UNSA y CGT, o incluso del sindicato Sud.

Es verdad que, tanto en RATP como en SNCF, los comités de huelga no siempre representan lo mismo. Algunos agrupan sobre todo a militantes sindicales, cuando otros comités abarcan a trabajadores no sindicalizados. Una vez elegido el comité de huelga, es preciso aprender a hacerlo funcionar – y lo primero es lograr que se reúna, lo cual no ha sido fácil en todos los sitios. Luego, hay que proponer que algunos se encarguen de redactar las actas de la asamblea y tengan acciones que proponer en la siguiente asamblea, con el objetivo de fortalecer la huelga. A quienes han sido formados con métodos burocráticos en el sindicato, hay que explicar que no es el comité el que toma las decisiones, sino que todo deben decidirlo los huelguistas en sus asambleas. Pasados los primeros dos días, algunos comités ya tenían un pequeño balance (actas de asambleas, panfletos, pancartas…), El objetivo es permitir que los propios huelguistas organicen la huelga. Hoy en día, se sigue tratando de comités de organización de la huelga más bien que de una dirección de la misma. Esta huelga de ámbito estatal queda fuera de su alcance. Las direcciones sindicales han convocado nuevas movilizaciones, y con mucha razón, para reforzar un movimiento potente pero todavía frágil.

Nadie puede saber cuál será el futuro de este movimiento, ni evaluar todavía su profundidad. Sin embargo, lo mejor que se puede desear a la huelga es una participación activa y consciente del máximo número posible de huelguistas en ella, para ampliar el movimiento y construir la victoria.

12 de diciembre de 2019

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