El imperialismo favorece a las fuerzas más reaccionarias

Al Qaeda, Daesh… los imperialistas crean monstruos

¿De dónde viene el Estado islámico? ¿Cómo es posible que tenga los recursos suficientes como para controlar una región entera, imponer su dictadura sangrienta a la población y provocar atentados en Europa? En los periódicos y entre la clase política, se habla de las redes de financiación de la organización terrorista, que habría que cortar, y se acusa a varios países árabes.

Sin embargo, la prensa burguesa descarta toda responsabilidad de los países imperialistas mientras que en realidad son sus intervenciones en varios sitios, y sobre todo en Oriente Medio desde hace décadas, las que han provocado el caos que favorece a las milicias yihadistas.

Las milicias agrupadas para constituir el Estado Islámico (Daesh por sus siglas en árabe) se desarrollaron en Irak, después de la guerra lanzada por EEUU en 2003, en la que participó España, y la ocupación de los años siguientes. Tienen vínculos con muchas otras, incluso las de Al Qaeda. En Irak, un país cuyos habitantes son árabes chiíes, suníes, kurdos y otras comunidades, cristianos, yazidíes y otras más, y siempre han vivido juntos, la política de los ejércitos ocupantes fue erigir barreras que no existían antes entre los grupos.

Estados Unidos y sus aliados crearon en Irak una situación de enfrentamiento entre milicias suníes y chiíes, apoyándose en unas y otras alternativamente para constituir un aparato de Estado que sustituyese al de Saddam Husein, el cual habían destruido. La ocupación imperialista provocó un descontento alimentado por los abusos de los militares que favoreció el reclutamiento de yihadistas en las milicias.

Ya en julio de 2011, los grupos del Estado Islámico de Irak y el Levante que luego se convirtió en Estado Islámico, huyeron de Irak y llegaron a Siria cuando la contestación del régimen de Bashar al-Asad se convirtió en una guerra entre bandos militares. Encontraron allí un terreno favorable para el reclutamiento, el entrenamiento y la acción.

El imperialismo estadounidense dejó que actuaran sus aliados locales. Los Estados del Golfo, sobre todo Arabia Saudí y Catar, opuestos al régimen de Asad como rival, suministraron dinero y armas a las milicias del Estado Islámico y otras. Por otro lado, la Turquía de Erdogan les facilitó el entrenamiento en su territorio y el paso a Siria por la larga frontera entre ambos países.

Estado Unidos y sus aliados no querían la victoria de Asad pero tampoco querían la victoria de las milicias islamistas porque ésta habría provocado la constitución de un nuevo régimen sirio incontrolable. Les pareció más hábil seguir ayudando a las milicias, lo suficiente para molestar a Asad pero sin reforzarlas hasta el punto de permitirles ganar. El único resultado fue la prolongación de la guerra y de las destrucciones.

Fortalecido en Siria gracias a la guerra contra Asad, el Estado Islámico pudo volver a Irak y desestabilizar a su gobierno instalado por las autoridades de ocupación estadounidenses. El desarrollo del Estado Islámico fue pues favorecido materialmente por EEUU y sus aliados en la región, y políticamente por diez años de guerra y ocupación de los imperialistas, y éstos ahora ya no pueden controlar a su criatura.

El imperialismo favorece a las fuerzas más reaccionarias

Los imperialistas siempre han aplicado la política del “divide y vencerás” que en la práctica supuso apoyarse en las fuerzas más reaccionarias para imponer y mantener su dominación política y económica, fuesen cuales fuesen las consecuencias para la población.

En el Oriente Medio, durante un tiempo, los dirigentes imperialistas tuvieron que adaptarse a los regímenes de tipo nacionalista como el Egipto de Nasser, el Irak de Sadam Husein, la Siria de los Asad padre e hijo. Pero tampoco dejaron de aprovecharse de cualquier oportunidad para debilitarlos, o acaso intervenir en el país para sustituirlos por poderes más controlables, y lo hicieron mediante el respaldo a movimientos reaccionarios.

En Egipto, en el período de la posguerra mundial, cuando las masas populares ponían su esperanza en nacionalistas como Nasser, los representantes estadounidenses quisieron contrarrestar su influencia y la de las fuerzas de izquierda, entre las cuales los comunistas, y apoyaron a las corrientes fundamentalistas de los Hermanos Musulmanes. Las monarquías del Golfo Pérsico apoyaron también a la Hermandad, sobre todo Arabia Saudí, una dictadura oscurantista y violenta, basada en corrientes religiosas que profesan un islam muy tradicionalista llamado wahabismo. Pero este régimen tiene la ventaja de ser un aliado de los imperialistas…

En Afganistán, en 1979, el presidente de EEUU Jimmy Carter decidió apoyar a una guerrilla musulmana integrista contra el gobierno afgano aliado de la URSS. Después de la invasión del país por el ejército ruso, el gobierno estadounidense y el rey de Arabia Saudí financiaron a milicias integristas como la de Osama Bin Laden. Luego estos guerrilleros difundieron el integrismo en los campos de entrenamiento instalados en Pakistán. Así contribuyó EEUU a la transformación de Afganistán en un centro internacional de formación para yihadistas.

En 1987, Bin Laden fundó al Al-Qaeda y participó en la guerra civil en Afganistán, siempre apoyado por la CIA. Sin embargo, diez años después, cuando los talibanes ya habían llegado al poder y Bin Laden los respaldaba, él decidió enfrentarse contra sus creadores e iniciar una serie de atentados contra Estados Unidos. El atentado del 11 de septiembre de 2001 lo convirtió en el jefe de la corriente internacional yihadista.

Tres semanas tras los atentados, EEUU intervino en Afganistán contra los talibanes, acusados de proteger a Bin Laden. Luego el presidente Bush se aprovechó de la impresión provocada por los atentados para lanzar, con España y otros aliados, la guerra de Irak, otra más después de la de 1990, en marzo de 2003, contra el régimen de Sadam Husein. El resultado fue la desintegración de Irak, el auge de las milicias integristas suníes y chiíes y, con la guerra civil en Siria, el desarrollo del Estado Islámico en la región entera.

Ahora los gobiernos imperialistas, sea directa o no su participación en la guerra, nos quieren unir en una cruzada contra el terrorismo que ellos mismos han provocado. ¿Quién puede confiar en ellos?

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