El capitalismo no puede ni siquiera entregar esta vacuna

“Hoy me siento esperanzada, aliviada.” Estas fueron las palabras de una enfermera de cuidados intensivos de Queens, Nueva York, Sandra Lindsay, después de recibir la primera inyección de una de las nuevas vacunas para el COVID.

Ciertamente, las vacunas  son la respuesta a las enfermedades virales, la única realmente eficiente que la ciencia médica ha encontrado hasta ahora. Y las dos vacunas ya aprobadas por la FDA son prometedoras en las rápidas pruebas a las que han sido sometidas.

¿No es esa una razón para tener esperanza?

Desafortunadamente,  no lo es. Esta enfermedad no se erradicará simplemente con el descubrimiento de una  vacuna, no importa cuán efectiva y segura resulte ser. Lo que se requiere es el simple, prolongado, bien organizado y bien financiado trabajo para entregar la vacuna. En otras palabras, ponerla en los brazos de la gente.

Pero la población ya está descubriendo que el proceso de vacunación se ha retrasado y enredado en el sistema.

El 3 de enero, se han distribuido menos de 14 millones de dosis, y menos de tres millones de personas han recibido una inoculación o “inyección en el brazo”. A este ritmo, se estima que llevará unos 10 años inocular a una parte suficientemente grande de la población para comenzar a superar este virus.

Trump dice que no es un problema federal. Dice que la distribución es un “problema estatal”.

Sin una política federal coordinada,   se   espera   que los estados coordinen una estrategia con lo que obtengan de las compañías farmacéuticas, cuando lo obtengan. Pero esto no es sólo un problema de Trump. Los sistemas de gobierno estatales no tienen el personal ni las herramientas necesarias para funcionar a este nivel.

Los sistemas estatales de salud pública    han    sido    destruidos por años de recortes de fondos, recortes de empleos, así  como la usual corrupción conectada al sistema de salud, con vastas sumas de dinero canalizadas a las corporaciones y, finalmente, a Wall Street y a las familias hereditarias  que  constituyen  la clase dominante.

Más increíble aún es la idea de que los sistemas hospitalarios y médicos privados compensen ese déficit. Estos sistemas, la mayoría de los cuales se organizan hoy en día en torno a la necesidad de obtener beneficios, han sido destrozados por años de recortes, seguidos por más recortes este año cuando el virus golpeó. Y las personas que hacen el trabajo real de cuidar  a  los  pacientes y llevar a cabo otras tareas esenciales están diezmadas por la enfermedad y la fatiga en sus propias filas.

Aún más  increíble  es  la  idea de  que  las  grandes  cadenas  de farmacias, con fines de lucro, no sólo absorban más de lo que les toca, sino que también inoculen a toda la gente en las residencias de ancianos y otras instalaciones para los ancianos.

No es imposible enfrentar y vencer un problema médico de esta magnitud. Pero requiere enormes cantidades de dinero, puestas en un sistema público que prioriza la salud de la población. Requiere un sistema que esté organizado y dirigido centralmente.

¿Dónde está la financiación? Durante todos estos meses, mientras los políticos discutían sobre quién estaba a cargo, descaradamente se ha asignado poco dinero al problema. El nuevo paquete de ayuda contiene ocho mil millones de dólares “destinados” a la distribución de vacunas, lo que significa que sólo se destinarán a las ganancias de las   compañías    farmacéuticas, a las ganancias de las grandes redes de distribución como UPS, a las ganancias de las cadenas de farmacias, a  las  ganancias de los asilos privados, en otras palabras, caerá en el mismo mal uso y corrupción que ocurre regularmente con los gastos médicos.

El capitalismo está funcionando como siempre lo hace. Su sistema está diseñado para maximizar los beneficios de los mayores tiburones. No pueden y no usarán su capital para salvar a  la  población.  Por eso la pandemia seguirá haciendo estragos en la población, incluso si los científicos han descubierto una vacuna eficaz.

Estos   multimillonarios    y sus    voceros    son     criminales y asesinos.  Necesitan  ser acorralados y echados. Expulsarlos de cualquier otra toma de decisiones. Impedirles cualquier otra ganancia. Sus fortunas robadas deben ser devueltas y administradas  para el bien público.

Los       representantes       de su sistema han fracasado miserablemente. Tanto ellos como sus jefes necesitan ser reemplazados por la auto- actividad organizada  de millones de personas normales, incluyendo profesionales y trabajadores, que pondrán la vida humana por encima de todo.

El capitalismo es un sistema roto.   Necesita   ser   arrancado de raíz y reemplazado para que tengamos una oportunidad de cualquier cosa que se aproxime a una vida normal. Con décadas de bagaje que pesarán sobre el futuro que tenemos por delante, sólo un nuevo sistema social y político construido sobre la base del socialismo y el comunismo puede prometer un futuro de calidad para la población.

Traducido de the-spark.net

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