El capitalismo es guerra entre los capitalistas, trampa para los trabajadores

El 8 de marzo, Trump firmó un decreto aumentando en un 25% los aranceles al acero importado por EEUU, y en un 10% al aluminio. Con estas medidas proteccionistas, se pone en marcha un engranaje peligroso.

Para justificarse, Trump declaró que “la industria norteamericana del acero y aluminio ha sido devastada por prácticas comerciales agresivas.” Sin embargo son los propios patronos de la siderurgia los que decidieron cerrar los altos hornos y convertir en desierto industrial una ciudad como Pittsburg por ejemplo, por razones de rentabilidad.

Esa medida contribuirá a intensificar la guerra comercial permanente entre las multinacionales, y por lo tanto entre los Estados a su servicio. La Unión europea replicó con medidas punitivas. Bien puede la OMC quejarse de las medidas proteccionistas, todos saben de que, en el marco de la economía capitalista, todo se arregla en última instancia en base a la correlación de fuerzas.

El hecho es que una de las primeras consecuencias de una guerra comercial, a golpe de tasa y aranceles, sería una subida de los precios. Lejos de ser una salida a la crisis, aquello podría profundizarla. Como siempre lo pagarán los trabajadores.

Lo peor es que en esta decisión Trump se benefició del apoyo público de Richard Trumpka, dirigente de la principal organización sindical CIO, mientras que otros en Europa, como algunos sindicalistas de ArcelorMittal, de la industria siderúrgica, al contrario se solidarizaban con la dirección de su empresa en contra de la subida de las tasas aduaneras.

Vender a los trabajadores norteamericanos que la política aduanera de Trump tiene que ver con sus intereses, o a los obreros de ArcelorMittal en Europa que hay que apoyar a “su” capitalista, es el mismo engaño, la idea de que restableciendo fronteras y aumentando los aranceles se protegen los empleos y los sueldos de los trabajadores. Las políticas más o menos proteccionistas de los Estados, según los momentos y la correlación de fuerzas, es un arma que tienen para proteger a su burguesía. Para los trabajadores es una falsedad y un veneno, ya que los divide, infundiendo la idea de que para protegerse hay que alinearse con “su” patrón, “su gobierno”, “su ejército”.

Los únicos aliados que tenemos para proteger nuestros empleos, nuestras condiciones de trabajo y de vida, están en realidad en todos los países, los trabajadores explotados muchas veces por las mismas empresas. Más allá de las fronteras tenemos interés en formar un frente común, a pesar y en contra de la demagogia de los gobiernos que nos quieren para su guerra, comercial por ahora, que no es la nuestra.

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