El agua de los hogares se encarece

Por si no teníamos bastante con el elevado precio de la electricidad, ahora también el agua se está comercializando a precios cada vez más altos, de forma que muchas familias están teniendo dificultades para pagar la factura. Según un reciente estudio publicado en prensa, el precio que pagamos ha ido en aumento mientras que por el contrario, el consumo lo que ha hecho es bajar, eso durante 15 años, entre 2000 y 2014, según datos obtenidos del INI.
Como consecuencia de la crisis, casi medio millón de hogares han desaparecido (reagrupación familiar, españoles que emigran e inmigrantes que regresan a sus países de origen, son algunas de las causas).   Esta y otras causas apuntan a un consumo menor de agua en los hogares.
El agua embalsada disminuye con los años, desde los 43mil hm3 del año 2015 hasta los 33mil hm3 en 2017 en esta misma semana; por las menores precipitaciones y no se prevé que mejore.  Que se sepa, tampoco se han tomado medidas para combatir las sequias, más agudas cada año que pasa debido a las variaciones climáticas. Y a pesar de todo ¡los empresarios hacen caja con el agua! Se sigue un patrón similar al de la electricidad: se paga más, pero consumimos menos; en 2000 la factura total era de 2.121 millones y en 2014 se alcanzaron los 3537 millones.
La espiral de privatizaciones, desde que se liberalizó el sector en 1985, ha hecho que la gestión sea más deficiente a la par que el suministro, el mantenimiento y la calidad del agua disminuyen, mientras su precio no para de aumentar.  Mientras se produce un aumento de las pérdidas en la red de suministro, la inversión en la misma ha disminuido de forma considerable.  Aunque este panorama es la consecuencia de falta de responsabilidad de los ayuntamientos, que al privatizar se quitan de encima la carga que supone lidiar con unos gastos que –dicen- son inasumibles por el control económico de la ‘ley Montoro’.  Al ceder las concesiones a estas empresas privadas, obtienen liquidez y se olvidan de que su labor es facilitar un servicio público de calidad, y esto sin mencionar la precariedad que suele traer a los trabajadores.
Hay que crear una verdadera oposición en la calle, protestando por devolver los servicios básicos a los ayuntamientos. ¡Con una gestión pública de las cuentas y controlada por los trabajadores conseguiremos frenar la vorágine del beneficio o la opacidad en la gestión!