El 1° de Mayo, día internacional de los trabajadores

¿Porqué reivindicamos el 1° de Mayo?

El 1° de Mayo es una fecha de lucha obrera que es necesario mantener, recuperar y defender ante la ola reaccionaria generalizada y los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores y los más pobres. En todos los medios de comunicación, siempre se ridiculiza o se oculta la lucha de toda la tradición obrera que es el 1° de Mayo.

Este folleto lo realizamos militantes que animamos los boletines Voz Obrera; somos comunistas y nos reclamamos de las ideas socialistas o comunistas originarias, lejos de lo que han llegado a ser los socialdemócratas del PSOE o los comunistas ligados a la dictadura estalinista.

Como comunistas luchamos a favor de la justicia y la igualdad, en contra de la explotación del hombre por el hombre y de los pueblos. Pero además lo que nos diferencia de otras corrientes sociales es la defensa del mundo del trabajo.

Nuestro sitio está con los trabajadores de todos los sectores y empresas; son ellos los que tienen el papel mayoritario en la sociedad capitalista y por consiguiente los que tienen la posibilidad de transformarla.

¡Viva el 1° de Mayo!

La actualidad del 1° de Mayo

El 1° de Mayo es oficialmente la fiesta del trabajo. Pero tanto en los medios de comunicación como en el mundo de la política, universitario o intelectual, el trabajo permanece en un semi oculto segundo plano. En todos los periódicos por ejemplo, las secciones de «laboral», antes común en todos, han desaparecido para entrar de tapadillo en la sección «economía». Una realidad como la del trabajo, que es vital para los seres humanos y determina todo lo demás en la vida, permanece desaparecida de, en su gran mayoría, la política y cuando lo hace es desde el punto de vista de la patronal y no del trabajador. Se perciben otros problemas antes que problemas vitales como despidos, convenios, condiciones de explotación o conflictos laborales en empresas.

Y, sin embargo, el «trabajo» es lo que define claramente y distingue la especie humana de las demás. Podemos decir que la especie humana es «trabajadora», transforma la naturaleza para sobrevivir y mejorar gracias al trabajo. Somos los trabajadores asalariados los que fundamentalmente mantenemos en funcionamiento la sociedad. Nada existiría si no fuera por los trabajadores. Esta situación de ocultación de una realidad no es casual. Responde a los intereses de la patronal, los banqueros, grandes accionistas etc. y sus gobiernos, que pretenden hacernos creer que ellos son los necesarios. Por eso que aparezca en la TV los problemas de los trabajadores es una excepción.

El 1° de Mayo tiene esa importancia; es un día en el cual los trabajadores del mundo podemos aparecer con nuestros problemas contra esa clase parasitaria que domina los medios de producción. Hoy en día aparece como un día de fiesta más, donde los jóvenes y sectores de trabajadores han perdido el sentido original de la celebración. Por ese motivo es necesario que recuperemos el sentido de clase de este día y los jóvenes aprendan y no olviden que manifestarse el 1° de Mayo era hace sólo unas décadas (30, 50 o 60 años) un acto de heroísmo ya que significaba el despido inmediato o la cárcel. Y conviene recordar a esos militantes desconocidos y anónimos que con una determinación heroica afrontaban la represión política y patronal para afirmar el porvenir de una sociedad socialista. Y por esto se convierte en una necesidad aparecer y recuperar públicamente con nuestros símbolos y tradiciones la celebración del día internacional de los trabajadores.

El 1° de Mayo es la primera manifestación internacional de la clase social trabajadora. Es la demostración de su posición dominante en la sociedad, de su fuerza y de su capacidad de resolver los problemas en la sociedad actual. Al acordar un día de lucha y reivindicativo, una celebración del trabajo e internacional, se pone la base para superar los problemas políticos nacionalistas y racistas.

En su origen al acordar crear un día de paralización de la vida común, de «parálisis» social, «de muerte social», el 1° de Mayo está ligado a la idea de huelga general del proletariado como arma de lucha de los que en realidad son indispensables en la sociedad: los trabajadores.

Gracias a este tipo de movilizaciones los trabajadores pueden comprender de una manera impresionante que tiene en sus manos los engranajes fundamentales de esta sociedad que vive de su trabajo, y que bastaría su voluntad consciente y reflexiva para detener la vida social y obtener así lo que no se ha concedido en décadas de régimen parlamentario. El 1° de Mayo simboliza la fuerza de los trabajadores y la demostración palpable de su capacidad en una manifestación internacional.

Esta fuerza que en sus momentos álgidos de lucha manifestó una potencia que hacía retumbar los pilares de la sociedad capitalista se mostraba a través de la huelga general. En los principios del movimiento obrero esta idea de lucha, abandonando el trabajo de forma generalizada y en todas las ramas productivas, imponía el terror a los empresarios y a los gobiernos del capital. De hecho los mártires de Chicago fueron víctimas de la barbarie del gobierno de EEUU.

La importancia del 1° de Mayo en la clase obrera consiste, por tanto, en la manifestación pública de la clase social productora internacional, con los mismos problemas y que lleva implícita la semilla de una sociedad sin clases, una concepción de la vida distinta a la actual donde domina el dinero y los grandes negocios, que implica una organización de la vida humana enfocada a satisfacer sus necesidades y no a buscar el máximo beneficio. Este sentido tiene la reivindicación «de los tres 8», origen del 1° de Mayo.

Orígenes del 1° de Mayo

Es en EEUU donde comienza a tomar cuerpo la idea de huelgas generalizadas para conseguir la reivindicación de los tres 8: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de cultura y ocio.

En el mundo del trabajo esta aspiración encontró un notable eco. En Inglaterra la reivindicación de las 8 horas, junto al derecho al sufragio, se convirtieron en la gran reivindicación de la clase obrera hasta tal punto que muchos patronos amenazaron con detener la producción si se les impedía hacer trabajar 10 horas por día a los niños de cualquier edad.

Los obreros se fijan el 1 de marzo de 1834 para conseguir las 8 horas haciendo coincidir esta fecha con la entrada en vigor de la nueva ley que fijaba en 48 horas el horario semanal de trabajo para los niños de 9 a 16 años, con jornadas de no más de 9 horas.

Esta jornada de lucha finalmente se fue postergando pero la llama prendió y poco después una ola de huelgas inundó toda Gran Bretaña, lo cual provocó una gran represión. Sin embargo en 1836 los mecánicos de Londres que habían participado poco en el anterior movimiento hicieron una huelga de ocho meses por la reducción del horario laboral. La agitación por la reducción laboral alcanzó su punto culminante en 1846-1847.

En Francia, el país más industrializado del continente, los obreros trabajaban jornadas de 12 a 17 horas. Los carpinteros de Pecq en 1832 y los de Caen en 1833 obtuvieron mediante huelga la reducción de la jornada de trabajo. En este mismo año los obreros joyeros de París reclaman lo mismo. Entre 1839-40 una crisis económica engendra desórdenes que atemorizan a la burguesía. En medio de esta efervescencia los carpinteros y cerrajeros que fabrican carruajes reclaman la jornada de 12 horas y entre agosto y septiembre son 100.000 obreros los que piden la supresión de los intermediarios y la reducción a 10 de las horas de trabajo.

La revolución de 1848 puso en el orden del día todos los problemas del trabajo y se animaron discusiones y huelgas por la reducción del tiempo de trabajo. Muchos patronos tuvieron que limitar a 10 estas horas. Por todas las presiones se aprobó un decreto considerando que un trabajo manual demasiado prolongado no solo arruina la salud de un obrero, sino que al impedirle cultivar su inteligencia ataca la dignidad del hombre y resolvía que «se disminuyera en una hora la jornada de trabajo. En consecuencia, en París, donde era de 11 horas, se la reduce a 10 y en el resto del país, donde hasta ahora era de 12 horas, se la reduce a 11.»

El decreto fue objeto de resistencia muy activa tanto por los patronos, que llegaron a despedir a obreros, hasta por parte de los trabajadores que reclamaban las 8 horas. A pesar de un nuevo decreto que supuestamente penaba a los patronos que incumpliesen la ley, ésta fue poco respetada. La industria pasaba una crisis y los patronos, alegando al decreto de reducción horaria, aprovecharon para cerrar sus establecimientos prometiendo su reapertura… ¡si les concedían primas de exportación!

Se vieron entonces a muchos obreros parados que preferían las largas jornadas al hambre. Algunos llegaron incluso a pedir… ¡la libertad de trabajar 13 o 14 horas y aún más! Finalmente todos los decretos de reducción se abolieron y la jornada de trabajo iba desde 9 horas, como algo excepcional, hasta 17 horas, siendo la regla de 11 en París y 12 horas en el resto de Francia.

Después de la Comuna parisina y la represión que le siguió, vino un reflujo del movimiento obrero europeo. La bandera es recogida por el movimiento obrero americano. La primera mitad del siglo XIX es el comienzo del desarrollo industrial americano. Conforme se desarrolla esta industrialización se desarrolla un movimiento obrero basado en la mano de obra inmigrante, ingleses, alemanes, italianos, etc. A veces sin conocer la lengua inglesa comienzan a organizarse creando sindicatos y grupos políticos anarquistas y socialistas.

Naturalmente fueron en gran medida los obreros emigrados ingleses los que llevaron a América y Australia la aspiración de las 8 horas y el recuerdo de las luchas a las que dio lugar. Como en Inglaterra el movimiento por las 10 horas preludió a la acción por las 8 horas o, incluso, se libró de forma simultánea. La amplitud de la agitación se explica aquí por el desarrollo de la industria manufacturera, el perfeccionamiento del maquinismo y de las herramientas. La agitación comenzó en 1827 con la huelga de los carpinteros de Filadelfia. Pronto los obreros gráficos, los vidrieros y albañiles se unieron. Este ejemplo cundió en una docena de ciudades. Por la época llegaron a crearse hasta 50 periódicos obreros y se realizaron mítines y congresos para elegir candidatos que «representan a la clase obrera».

Tras años de esfuerzos, de avances y retrocesos, se instituyó la jornada de 8 horas en todos los establecimientos del gobierno, es decir, para los trabajadores públicos, pero para los trabajadores privados la jornada seguía siendo de 11 y 12 horas. Sin embargo la agitación a favor de las 8 horas hacía tales progresos que los patronos, por ejemplo de la construcción, se rasgaban las vestiduras e incluso formaron una asociación por las 10 horas.

De todas formas el movimiento en pro de las 8 horas, después de numerosas vicisitudes y de éxitos legislativos que no fueron seguidos de aplicación práctica, no terminaba de cuajar y la clase obrera estaba desilusionada. Esta desilusión no les impidió organizar en Nueva York, el 13 de septiembre de 1871, una gran manifestación que agrupó a 20.000 obreros, ni llevar huelgas de cierta importancia al año siguiente. Puede decirse que todas estas huelgas, que en realidad eran exitosas, no se transformaban en victorias puesto que las organizaciones eran muy débiles para aprovechar las victorias y al cabo de 5 o 6 meses todo se había perdido.

La crisis económica de 1873 marca el inicio de los años negros para el movimiento obrero americano. No por eso las organizaciones obreras como la de los Caballeros del Trabajo (The Noble Order of the Knights of Labor), una de las primeras organizaciones obreras sindicales norteamericanas, dejan las luchas por las 8 horas. En 1877 hay una huelga por las 8 horas llevada a cabo por los ferroviarios que son vencidos por la policía en Pittsburg en lucha a mano armada. En esta ciudad en 1881 se fundará la Federación de Trade Unions que se convertirá en la AFL, American Federation of Labor. En 1882 esta federación aprobará una resolución por las 8 horas. En el congreso de Chicago de 1884 se aprobó otra resolución por la cual se exigiría el 1° de mayo de 1886 la aplicación de la jornada de 8 horas.

El 1° de mayo de 1886 llegó y Norteamérica se llenó de huelgas. Las huelgas siguieron el 3 y 4 de mayo en Chicago donde se produjeron los acontecimientos trágicos que dieron lugar a la solidaridad internacional con los obreros ajusticiados por el gobierno de EEUU. Las huelgas del 1° de mayo en Chicago fueron un rotundo éxito. Pero la huelga en una empresa de maquinaria agrícola que había despedido a 1.200 trabajadores seguía en lucha. El 3 de mayo miles de huelguistas se fueron a la salida de las fábricas para escarnecer a los esquiroles; la policía y la policía de la empresa dispararon dejando 6 muertos y 50 heridos.

Un mítin convocado por anarquistas para el día siguiente, 4 de mayo, convocó a 15.000 personas. Spies, Parson, Fielden tomaron la palabra. Una vez terminados los discursos una bomba cayó en las filas policiales. La reacción de la policía fue espantosa. Hubo más de 200 heridos y no se sabe exactamente cuántos muertos. El Estado americano y la patronal aprovecharon la ocasión para descabezar el movimiento obrero y dar un escarmiento. Se buscó y detuvo a 8 líderes de la huelga (Spies, Fielden, Neebe, Fischer, Schwab, Lingg, Engel y Albert Parson). El 11 de noviembre del mismo año cinco de ellos fueron ejecutados.

En julio de 1889 la Segunda Internacional, reunida en París, aprobó una resolución convocando una gran manifestación internacional en un día fijo, el 1° de mayo, para reivindicar las 8 horas. Las manifestaciones fueron un éxito y fueron acompañadas de huelgas.

El primer 1° de Mayo en Francia se tomaron fuertes medidas de seguridad: las tropas estaban acuarteladas y listas para marchar a la primera señal, las guardias se habían triplicado… numerosas medidas militares y policiales que fueron llevadas intencionalmente a conocimiento público por todos los periódicos; todo ello hizo que se creara una atmósfera de pánico. A pesar de esto en París el 1° de Mayo fue un éxito y además todo habría pasado con calma si la policía, bien dispuesta, no hubiera suscitado incidentes en diversos puntos de la ciudad. En todo el país, 138 ciudades participaron en la manifestación.

Fuera de Francia la manifestación del 1° de Mayo revistió una amplitud impresionante en los países más industriales de Europa. España e Inglaterra presentan la peculiaridad de celebrarlo el 4 de mayo, el domingo siguiente. Hubo violentos incidentes en Barcelona y Valencia. La huelga fue efectiva en 40 ciudades. Dicen algunos historiadores que en Barcelona 100.000 manifestantes desfilaron con la bandera roja y de una manera tan pacífica, disciplinada e imponente que el general Blanco, capitán general de Cataluña, desde lo alto de la terraza de su villa, donde lo rodeaba su Estado Mayor, conmovido y como deslumbrado llevó instintivamente su mano al quepis y saludó.

La manifestación del 1° de Mayo de 1891 en Barcelona

El 1° de Mayo de 1891 en Barcelona

La manifestación de Londres se realizó con gran entusiasmo. Había 15 tribunas a 150 metros una de otra. Más de 300.000 asistentes; una manifestación «monstruosa» que aterró a la burguesía londinense. Cuando el inmenso cortejo atravesó los barrios ricos numerosas ventanas estaban cerradas.

La prensa burguesa tuvo distintas reacciones, muchas quitando importancia a la jornada del 1° de Mayo, pero no dejaban de reconocer como «algo bastante grave» el hecho de que en todas partes y a la misma hora los obreros se hubieran mostrado capaces de formular con vigor las mismas reivindicaciones. El periódico «L’Illustration» decía: «este ensayo de movilización de las fuerzas socialistas en todos los países a la vez tiene una importancia innegable, porque tal tentativa demuestra con qué disciplina la clase obrera sabe obedecer a una consigna internacional. Es una advertencia que parece hecha para despertar la atención de los estadistas.»

El éxito haría que en un prefacio al Manifiesto Comunista en 1890, Federico Engels escribiera: «La Internacional está más viva que nunca y de ello no hay mejor testimonio que la jornada de hoy. En el momento en que escribo estas líneas el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas militantes movilizadas y es la movilización de un ejército único, que marcha bajo una bandera también única y tiene un objetivo próximo: la fijación por ley de la jornada normal de 8 horas… El espectáculo a que asistirán hoy hará ver a los capitalistas y a los terratenientes de todos los países que, en efecto, los proletarios de todos los países están unidos.»

El congreso internacional de Bruselas en agosto de 1891 confirmó el día anual. En este año muchos decían que la burguesía se reía de dientes para fuera y sudaba de miedo. Este año la policía recurrió a la fuerza. Estaban en pie de guerra la policía, la gendarmería y el ejército. Hubo de ser a las puertas de París y en Fourmies, en el norte de Francia, donde el 1° de Mayo debía tomar un giro más violento y trágico, sobre todo en Fourmies, municipio textil, donde se hizo una verdadera masacre. Y eso que el programa del día consistía en una asamblea general de obreros de la que partiría una delegación a la alcaldía para exponer sus reivindicaciones entre las que figuraban: la jornada de 8 horas, la creación de una bolsa de trabajo, la supresión de las multas en el trabajo y la paga todos los sábados. Para la tarde había prevista una representación teatral y por la noche un baile para el que se pidió el permiso correspondiente.

La masacre de Fourmies, en Francia, 1° de Mayo de 1892

La masacre de Fourmies, en Francia, 1° de Mayo de 1892

El desencadenante de la masacre es que los obreros intentan sacar de una de las fábricas a otros trabajadores que no han segundado el movimiento. Los gendarmes cargan contra ellos, hieren a un obrero a a un niño, arrestan y retienen prisioneros a dos trabajadores. Es el comienzo de la irritación. Los trabajadores arrojan piedras a los gendarmes; hay cargas muy violentas por parte de la gendarmería. Al final se promete la liberación de los detenidos para las 5 de la tarde. Pero dan las 6 y ésta no se produce. Por ello un grupo de 200 jóvenes y mujeres, acompañadas de chiquillos, se dirigen a la alcaldía para reclamar la liberación. Los soldados calan las bayonetas y sin aviso disparan. Es la primera vez que se usan los fusiles Lebel sobre blancos vivientes. Y ello, en un campo de tiro de 60 metros en tanto que el alcance de las balas perdidas llegaba a 2.400 metros. Son alcanzadas 80 personas, 10 muertos. El 4 de mayo, 30.000 personas siguen a los ataúdes. En todo el país se alzaron protestas y el suceso fue recordado en el movimiento obrero durante años.

La situación de la clase trabajadora es la causa de nuestra lucha

En sus luchas los trabajadores habían construido organizaciones que les permitieran defenderse y mejorar sus condiciones de vida. Nacieron primero los sindicatos de empresa, después los de ramas y finalmente los grandes partidos obreros. En sus luchas aprendieron que las luchas aisladas empresa por empresa terminaban en derrota y que las reivindicaciones obreras había que convertirlas en políticas, es decir, en generales para toda la sociedad. Precisamente la reivindicación de las 8 horas de trabajo, 8 de cultura y educación y 8 de descanso, llevaba consigo este proceso, pasaba de la empresa a todos los trabajadores. Una reivindicación que unificaba a todos los asalariados para imponer a la patronal, a la burguesía y a su Estado la mejora de la vida y del trabajo del proletariado.

Ha pasado el tiempo pero no los problemas de los trabajadores, que en el fondo siguen siendo los mismos. A pesar de los agoreros de izquierda y derecha, y de los intelectuales que hablan de la desaparición de la clase obrera, la sociedad real pone las cosas en su sitio; Nunca en la historia de nuestro país y del mundo entero la clase trabajadora ha sido tan numerosa. En nuestro país el trabajador asalariado supone más del 80%, con los autónomos son más del 90%, de la población activa. En números redondos, de todas las personas en edad de trabajar, 36 millones de personas, 15 millones son asalariados en sentido estricto y 2,2 millones están en paro. Es decir, la inmensa mayoría de los que mantenemos en funcionamiento este país trabajamos a cambio de un salario, cuando el empresariado son algo más de 700.000 personas, contando pequeños y grandes.

A su vez la desigualdad provocada por la explotación del trabajo por el capital se hace cada vez más insultante para los trabajadores. Esto se hace patente cuando comparamos las rentas salariales con los beneficios del capital. Los beneficios del capital se cifran en casi el 40% de todo lo producido en España (PIB) mientras que las rentas salariales suponen aproximadamente el 50%, punto arriba o abajo dependiendo de los años. Es decir, casi la mitad de lo producido por los trabajadores es expropiado por los capitalistas.

Si hiciéramos la media en la jornada de trabajo supondría que casi la mitad de nuestra jornada de trabajo sería lo que se apropian los grupos capitalistas y el resto sería para nuestro sustento. Esto evidencia el despilfarro y el robo a que el capitalismo somete a todos los trabajadores de este país y del mundo entero. Simplemente con la expropiación del capital y de las ganancias de los grandes grupos capitalistas resolveríamos de un plumazo todos los problemas sociales y económicos de nuestro mundo.

En este contexto de explotación del trabajo, la estrategia del capital y de sus gobiernos ha sido aumentar los beneficios del capital a costa del empobrecimiento de los trabajadores en general y sobre todo de las capas más débiles de éstos. La mitad de la riqueza producida por los trabajadores es utilizada por la burguesía y su Estado para mantener y reproducir esta sociedad de explotación y de despilfarro en la cual parece que lo que se produce proviene de gentes «inteligentes» como ejecutivos de las grandes empresas, grandes empresarios y banqueros, jefes de Estado y presidentes y toda su ralea de politicuchos. En este sentido los gobiernos son el consejo de administración que protege y organiza los negocios de los grupos capitalistas. Las cifras lo dicen todo: 473 consejeros y ejecutivos de las 26 mayores empresas españolas ganan al año 126,5 millones de euros, aparte de los blindajes.

Si disminuyen las cifras del paro, aumentan las cifras del empleo precario. Esto supone la sobreexplotación de sectores de trabajadores que en la hostelería o el comercio por ejemplo, tienen que trabajar por 600 o 700 euros al mes, en muchos casos por menos, o en la construcción donde han desaparecido los contratos fijos de las empresas y todos son contratas de obras y servicios, y donde en muchos contratos el trabajador se ve obligado a firmar que no quiere representación sindical y con el espacio del salario en blanco.

Esta sustitución del empleo fijo y concierta protección social por el precario es generalizada en todos los sectores. Por ejemplo en el textil sevillano, si comparamos el empleo en Induyco de hace 25 años con el de ahora estaríamos asombrado de la disminución de trabajadoras. En los años de máxima plantilla existieron 4.000 trabajadores. Ahora existen alrededor de 750. Sin embargo, la producción no ha disminuido sino todo lo contrario, ha aumentado. Podríamos preguntarnos si la tecnología ha sido la causa. Ésta, sólo es una pequeña parte de la respuesta. La mayoría de la producción se hace en talleres a domicilio, y cooperativas, donde los salarios son la mitad que en Induyco, supervisados por los jefes que antes vigilaban las cadenas de montaje. Es decir, se sobreexplota a las obreras, pero con ordenadores e informática.

En esta situación los cierres de empresas, las reducciones de plantillas, suponen despidos o eliminación de puestos de trabajo para después crear empleo con subcontrataciones. Astilleros o Tabacalera han sido los ejemplos últimos. Pero Electrolux es el más reciente. Esta empresa de frigoríficos, con millones de beneficios, quiere cerrar la planta que tiene en Fuenmayor en la Rioja, con 454 empleados fijos y 86 eventuales. El proceso de despidos y cierre se mantiene.

Si tomamos el ejemplo de la construcción la situación es la misma. Mientras que el precio de la vivienda ha subido en estos últimos años haciendo imposible para los jóvenes encontrar piso, los salarios no han subido este año más que el IPC, y sólo en los convenios de las grandes empresas. Un empresario tiene la seguridad de que con el sistema actual de subcontratación y las subidas salariales va a tener un beneficio en aumento por cada año que pase a costa de los salarios, y del aumento de las horas de trabajo. Y como consecuencia los aumentos de los accidentes de trabajo convierten a España en un país al mismo nivel que la India o China. Cada año se registran 900.000 accidentes de trabajo con cerca de 1.000 muertos. ¡Más de tres muertes diarias!

Y no es problema de la legislación de seguridad e higiene en el trabajo; es el problema de un verdadero terrorismo patronal que amparado por el gobierno y unas condiciones barbaras de vida hacen que tengas que trabajar horas y horas para obtener un sueldo para vivir.

La regresión social para la mayoría de los trabajadores es un hecho. Además la inmigración se ha convertido en el sector de trabajadores donde la explotación se hace más descarnada. En los sectores agrícolas de las zonas de cultivo intensivos se pagan salarios por debajo de convenio y en todo caso mantienen salarios bajos. En la construcción también los empresarios se aprovechan de la situación de los inmigrantes. Su jornada puede llegar a las 48 horas semanales y a 800 o 900 euros al mes de salario.

El Estado roba a los trabajadores para repartirlo entre los patrones

El Estado, los ayuntamientos y las distintas administraciones se comportan en la práctica como administradores de los negocios de la gran patronal. De todos es sabido que en nuestro país es el sector de la construcción el que hace mantener el crecimiento económico. Tira para arriba de todos los demás. En este sector los negocios de las obras públicas y de las viviendas hacen que la competencia entre las distintas empresas sea un factor determinante pues hay en juego miles de millones. Los casos de corrupción generalizados obedecen a este proceso. Es posible que la financiación de los partidos contribuya pero el fondo del asunto es el negocio.

El tema de las facturas del Ayuntamiento de Sevilla, Marbella, la comisión del 3% que destapó Maragall en Cataluña, son expresiones de la misma dinámica. Pero lo que evidencia aún más el papel del Estado como garante y administrador público de los negocios privados es el análisis de los gastos presupuestarios a todos los niveles.

Pongamos el ejemplo del Ayuntamiento de Sevilla. La mayoría del presupuesto es para dinamizar los negocios y los beneficios de la patronal. De un presupuesto de más de 600 millones de euros, para la creación de empleo se destinan unos 12 millones para las vacantes del año 2003 y… ¡se repartirán en los dos años próximos! Sin embargo se gastan 15 millones en subvenciones para los empresarios… de la moda, entre otros, cerca de 100 millones en urbanismo, 120 en presidencia, otro tanto para la creación de una empresa, Sevilla Global, para promocionar a los empresarios y así podríamos seguir desglosando el dinero público que va a sus bolsillos. Naturalmente si el Estado no crea empleo directo y digno, el empleo creado por la patronal será precario pues su ganancia se obtiene a costa de los salarios.

El ejemplo del Ayuntamiento de Sevilla solo es el botón de muestra. En la administración central es más de lo mismo. El ICO (Instituto de Crédito Oficial) por ejemplo, presta dinero a los empresarios en unas condiciones casi gratuitas, que cualquier trabajador lo desearía para tener una vivienda. En dos meses se agotaron 3.000 millones de ayuda para la «internacionalización de las empresas» y en 15 días los 1.000 millones adicionales. Entre 2003 y 2005 ha concedido créditos por valor de 25.389 millones de euros.

Las subvenciones y bonificaciones a los contratos en formación de la administración central son un escándalo. Muchos jóvenes son contratados con este tipo de contratos porque el patrón tiene bonificaciones en las cotizaciones; además es necesario que el joven esté realizando algún tipo de curso y tiene que permitir unas horas del trabajo para la formación. Pues bien, es notorio que los patrones hacen trabajar en el mismo horario y con sólo el resguardo de la inscripción del curso se realiza el contrato.

Lo mismo ocurre con las subvenciones a la patronal para la formación. Del dinero que se recoge de las cuotas salariales, que pagan todos los trabajadores para la formación profesional, cerca de 265 millones de euros van para las empresas. En definitiva el robo de dinero obrero va a las necesidades de la patronal.

El futuro es de los trabajadores

Hoy no existe una internacional obrera con posibilidades de convertir los problemas de los trabajadores en problemas generales, en reivindicaciones políticas que solucionen realmente sus problemas. Tampoco existe el partido obrero capaz de pasar y generalizar la reivindicaciones de empresa a reivindicaciones políticas, que puedan parar el deterioro social al que el actual sistema económico capitalista lleva a los trabajadores. Y por ello se hace más necesario impulsar medidas que frenen el deterioro y los ataques a los trabajadores; es más necesario que nunca agrupar a los militantes obreros alrededor de un programa político que pueda ser defendido en todas las empresas y en todos los sectores de los trabajadores.

Cartel de la CGT francesa por las 8 horas en 1919

Cartel de la CGT francesa por las 8 horas

Es necesario animar una política obrera que vaya en contra de los despidos, que expropie a todas las empresas que despiden con beneficios. Que esté contra las regularizaciones y cierres de empresas; para ello es necesaria la apertura de la contabilidad de las empresas a los trabajadores y la fiscalización por parte de éstos de todas las cuentas y sistemas financieros. Que esté contra el paro y por la eliminación de las subvenciones a empresas y a los contratos y creación directa de los puestos de trabajo por las instituciones del Estado, eliminando las privatizaciones. Es también nuestra responsabilidad difundir entre los trabajadores estas ideas.

Por eso, como en la lucha por los tres 8, las mejoras de los trabajadores son jalones en el camino del cambio social, donde las necesidades sociales sean satisfechas y no sea el beneficio el móvil social. Son los trabajadores los que producimos y la clase trabajadora es la única que puede construir un mundo nuevo expropiando a los banqueros, terratenientes y demás capitalistas.

El 1° de Mayo es nuestro día donde tenemos que mostrar nuestras ideas, nuestros símbolos, recordar nuestras luchas y nuestro porvenir comunista en la lucha contra el capitalismo.


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