Editoriales – 2º quincenal Junio de 2017

40 AÑOS DE LAS PRIMERAS ELECCIONES DE LA TRANSICIÓN Y LA SOMBRA DE LA DESMEMORIA

Se están celebrando con grandes alharacas   el aniversario de lo que se dice que fueron las primeras elecciones “democráticas” tras el franquismo. Y se congratulan de la nueva etapa de paz, democracia y progreso que dejó atrás los años negros de la represión y la dictadura. Sin embargo es excesivo denominar de “democráticas” unas elecciones en las que imperaba el miedo a la policía y a los militares. Hasta entrados los años 80, eran asesinados trabajadores y manifestantes por la extrema derecha franquista y por la policía, de los que no se habla nada: fueron 188 asesinados de 1975 a 1983. La indulgencia y connivencia, además, de la justicia con los asesinos de extrema derecha de la Transición fue escandalosa.

Los grupos republicanos y partidos de la izquierda revolucionaria estaban prohibidos. Solo estaba legalizado el PSOE y en la Semana Santa de 1977 lo fue también el PCE. Hay que recordar que las conversaciones secretas de Suárez y el corrupto Juan Carlos I, con Carrillo y Felipe González abrieron la posibilidad de presentarse a unas elecciones aceptando el sistema económico y social capitalista, el Estado tal como venía del franquismo, con su forma política monárquica, y todo el aparato represivo.

Hace 40 años hubo unas elecciones semilibres, para que la burguesía de siempre mantuviera su dominación con otros partidos, en la ilusión de que empezábamos a vivir en democracia. Pero para que haya democracia real, tiene que haber igualdad, económica y social, no sólo ante la ley, y en el capitalismo es imposible. Podrá haber ciertas libertades políticas, pero nunca igualdad y democracia para el pueblo trabajador. La separación de la esfera económica en manos de los grandes capitalistas, de la política, en unas elecciones institucionales, deja la ilusión de que el parlamento controla “democráticamente” la sociedad. Pero en realidad sólo elegimos los que van a gestionar la explotación del trabajo humano.

 

¿LA MOCIÓN DE CENSURA? ¡POR UNA POLÍTICA VERDADERAMENTE OBRERA!

La moción de censura ha conseguido presentar a Podemos como partido responsable y honesto con capacidad para gobernar; pero también ha mostrado hacia dónde va Podemos: ofrecer a la población la falsa expectativa de que un gobierno PSOE -Podemos va a mejorar la situación.

Parece que el principal problema de este país es la corrupción, que los problemas se van a acabar quitando a Rajoy y al PP del gobierno. ¿Acaso PSOE, con su nueva aureola de partido de izquierdas, en alianza con Podemos, suavizaría las reformas impuestas por los capitalistas? Es posible que algo hagan mejor que el PP. Pero sin duda habrá nuevos recortes que grandes empresas y bancos seguirán exigiendo para aumentar sus beneficios. Pero los recortes y reformas laborales seguirían. El ejemplo lo tenemos en Grecia, con Tsipras, que ha impuesto a la población griega, a los trabajadores y jubilados, más recortes y medidas de austeridad, haciendo sus vidas más difíciles aún.

De todas formas querer construir una alternativa de gobierno en el marco del capitalismo de la mano del PSOE, es cuándo menos ilusorio y muestra que en el fondo lo que hay es una lucha institucional de los aparatos, por los sillones. Podemos nunca se ha definido como un partido de clase, de los trabajadores, sino de los ciudadanos en general negando por omisión la potencia decisiva que tienen los trabajadores cuándo luchan unidos. Del PSOE mejor ni hablar porque es un partido anclado profundamente  en el sistema capitalista y empresarial. Ambos partidos son reformistas, piensan que el capitalismo se puede mejorar.

Por ello con o sin moción de censura, con o sin Rajoy, los trabajadores deben construir su propia alternativa obrera, de clase y llevar adelante su propio programa político y de defensa de sus intereses. La pelea que atañe a los trabajadores es otra, y pasa por retomar la confianza en su fuerza colectiva, de clase.

¡Es hora de que los trabajadores se hagan oír!

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