Editoriales – 1º quincenal Octubre de 2017

¿Y AHORA QUÉ?

Después del discurso de Puigdemont en la Generalitat muchos independentistas se quedaron con la boca abierta, decepcionados. El presidente declaró la independencia, pero la suspendió “para negociar”.

Rajoy le contestó diciendo que se aclare. Le ha dado tiempo antes de disolver por la vía del palo o de la sumisión, la Generalitat. La salida tarde o temprano serán las elecciones. Rajoy ha jugado sus cartas contra Puigdemont y ha conseguido tapar su corrupción y su política contra la clase trabajadora bajo el paraguas de la “unidad de España”. Además, con el apoyo de Pedro Sánchez, a cambio de una reforma de la Constitución y de Ciudadanos, esta unidad será refrendada en las futuras elecciones con una victoria más que posible de Rajoy si no lo remedian las luchas obreras. La jugada a la derecha le ha salido bien.

Por otra parte el “procés” hacia la República Catalana se frena. Cataluña no es Eslovenia, ni Lituania, es decir todas estas repúblicas que nacieron con la hecatombe de la desaparición de la URSS. La UE no apoya la secesión catalana, el resto de España tampoco. Cataluña es una zona rica y capitalista, no es el Sahara español. La derecha catalanista, como Rajoy, ha jugado a dirigir el “procés” para tapar sus vergüenzas corruptas y desviar la crisis social grave. El españolismo y el catalanismo son nacionalismos que se retroalimentan. Si es verdad que los catalanes tienen el derecho a decidir su futuro, la clase trabajadora debe plantearse sus propios objetivos, sus propios intereses.

Una República Catalana en manos de la burguesía al igual que en el resto del estado no será más que un arma en manos de la burguesía para seguir igual: la explotación capitalista de la clase trabajadora.

 

¡YA ES HORA DE HACERNOS VISIBLES LOS TRABAJADORES!

Mientras tenemos hasta en la sopa el tema de Cataluña, el conflicto social del mundo del trabajo no aparece por ninguna parte.  La crisis económica para la clase trabajadora lejos de mejorar se hace crónica. La situación social muestra que cada vez hay más trabajadores pobres. El salario más frecuente es menos de 1000 €. El paro repunta otra vez.

La precariedad, los despidos, se han hecho ya crónicos desde hace una década. Ahora nos aguantamos con trabajos y salarios de miseria. El miedo entre los trabajadores es cada vez mayor a ser despedidos.

En las empresas se lleva una política de despedir a los fijos, para contratar en precario. La razón, entre otras, es la indemnización. Mientras que unos pueden recibir 20 días por año, los otros no reciben nada. Mientras que los fijos acumulan derechos y primas los otros nada de nada.

La patronal se atreve ya a despedir hasta a los delegados sindicales, que se supone que estaban legalmente protegidos. Para más inri no existe representación sindical en una mayoría de pequeñas y medianas empresas. Hay empresas que han despedido al delegado o enlace como decimos y no se atreven a elegir al nuevo.

Sin embargo, si fuéramos conscientes de nuestra fuerza otro gallo cantaría. Los trabajadores somos los que producimos y mantenemos en funcionamiento la sociedad. Sin nosotros no habría limpieza, sanidad, educación, turismo, coches, maquinaria etc. Todo está en nuestra manos menos la conciencia de que es el mundo del trabajo quien tiene la sartén por el mango.

Cambiar esta situación es entender que la unidad y la solidaridad es nuestra fuerza.

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