Economía ¿colaborativa?

Hoy tenemos varias plataformas en internet cuyo propósito es el de poner en contacto usuarios que necesitan uno del otro. Algunas de estas plataformas son Uber, para el transporte de personas, y Airbnb para encontrar alojamiento. Serían la contrapartida del servicio de taxi y la hostelería, respectivamente. Ambas se definen como “economía colaborativa” del modo en que desde hace unos años algunos bancos se autodenominan banca cívica, ética, etc.
Pero en la mayoría de los casos las empresas que surgen al calor de los nuevos tiempos ni son colaborativas ni existe ninguna solidaridad en sus planteamientos. Es más, aun atribuyéndoles la mejor de las intenciones, sostenemos que bajo el capitalismo la lógica última y preponderante es y será el beneficio.
La crisis, que golpea fuerte, ha sido caldo de cultivo para que muchas personas intenten sacar algún rendimiento de sus propiedades y este tipo de empresas, a cambio de una comisión, permiten ponerlas en el mercado y sacar un dinero extra sin ser profesionales del sector. Sus detractores afirman que no cumplen las normativas a las que sí se ven obligados los profesionales; así, los acusan de competencia desleal al no tener que pagar seguros ni adecuar instalaciones que sí tienen que hacer los otros.
Dicen además que detrás de este tipo de plataformas suele haber grandes empresas que apenas pagan impuestos, porque usan paraísos fiscales y que son las que se llevan los mayores beneficios, que al trabajador le niegan todo derecho convirtiéndolos en autónomos que dan un servicio a demanda.
¿Quién lleva razón en toda esta historia? ¡Todos y ninguno! Y es que, bajo el capitalismo, como suele decirse, esto es “desvestir un santo para vestir a otro”. No hay solución al problema porque los trabajadores, la población en general, están recogiendo las migajas del pastel y con estas migajas difícilmente se puede hacer un reparto justo, una división del trabajo adecuada.
Desde aquí apostamos por una economía justa, social y solidaria, donde los trabajadores decidamos, que sea ecológica e integradora y que distribuya los bienes y la riqueza actuando por el bien común y no buscando el beneficio. ¡Pero para llevar a cabo tal economía, antes tendríamos que acabar con el capitalismo!