Ébola: nuestra salud no tiene precio

Todos estamos indignados con lo sucedido con el primer contagio de Ébola en España. El contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, que cuidó al misionero repatriado de África, la intervención de los servicios “especializados”, han provocado gran inquietud pues todo ha sido una cadena de desatinos desde el primer momento, cuando se decidió repatriar al misionero enfermo sin contar con los medios adecuados.

Se multiplican los testimonios del personal sanitario explicando sus condiciones de trabajo: en algunos hospitales no hay monos, sólo batas impermeables y mascarillas que dejan muchas zonas expuestas, en centros de salud reciben en bolsas de hipermercados los trajes anti-ébola con una hojitas de papel con dibujitos pero sin charla explicativa, sin simulacro. Las protestas de médicos y enfermeras en estos últimos días han sido numerosas, y aún siguen, por mucho que Rajoy quiera minimizar el descontento causado con todos estos desatinos.

La ministra Ana Mato acaba de ser apartada del gabinete de crisis abierto por los contagios del Ébola, aunque el gobierno no asume la más mínima responsabilidad por lo ocurrido; ni siquiera ha pedido disculpas porque su Consejero en Madrid haya intentado culpabilizar a la propia enferma del contagio, algo indignante pero a lo que el PP nos tiene acostumbrados: los culpables siempre son otros. Consecuencia a día de hoy: hay 16 personas más ingresadas y en observación para evaluar un posible contagio y el estado de la enfermera es grave, aunque en los últimos días parece más estable.

Rajoy, después de dos días en absoluto silencio, ha declarado que “se deje trabajar a los profesionales de la sanidad, que tienen un prestigio acreditado, y la sanidad española es una de la mejores del mundo”. Pero los profesionales de la sanidad no tardaron en contestar que hace mucho tiempo que Rajoy y su gobierno “no les dejan trabajar”, recortando los presupuestos, privatizando, disminuyendo capacidades de buen trabajo en la sanidad.

No es casualidad si muchos de ellos encabezaron durante meses la marea blanca en toda España para luchar y alertar sobre lo que ocurre en los hospitales y en la sanidad. Todos los que trabajan en los hospitales, en la salud, denuncian en muchos casos la improvisación, los déficits en gestión, los protocolos erróneos, la sobrecarga de trabajo. Como dicen los que se manifiestan en las mareas ¡“la sanidad no se vende, se defiende”!

La vida de la enfermera Teresa está en riesgo, no sólo por el Ébola, está en riesgo porque en estos últimos años se está desmantelando el sistema sanitario público, porque nuestra salud la están vendiendo al mejor postor. Por eso debemos apoyar a todos los profesionales de la sanidad cada vez que piden más medios, o cuándo se oponen a las privatizaciones, porque está claro que ellos defienden nuestra salud y nuestra vida.

Frente al Ébola, una vez más, vemos que no importa salvar vidas humanas. Al gobierno le costará trabajo en esta ocasión esconder que ha hecho prueba de la inercia más monstruosa y criminal.

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