Arabia Saudí: la dictadura que encarcela, tortura y asesina

Se ha formado un pequeño revuelo mediático y entre la población de izquierdas, por la reciente fotografía tomada al rey emérito Juan Carlos I saludando al príncipe de la corona saudí, Mohammd bin Salman (MBS), en Abu Dabi. Buena parte de la comunidad internacional se cuestiona ahora la probable participación de MBS en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Khashoggi fue asesinado en el interior del consulado de Arabia Saudí en Estambul el 2 de octubre, según reconocieron oficialmente las autoridades. Casi dos meses después continúa sin aparecer el cadáver.
En un momento en que el Príncipe Heredero de Arabia Saudí comienza a visitar a los Jefes de Estado, con el objetivo de pasar página en el asesinato del periodista Khashoggi, la ONG Amnistía Internacional advierte sobre las condiciones de detención de activistas feministas saudíes, así como de otros opositores al régimen.
El príncipe MBS, como parte de la propaganda destinada a crear una imagen de un reformador, anunció la primavera pasada que las mujeres ahora podrían conducir un coche y sentarse en las gradas del estadio para ver los partidos. Pero al mismo tiempo, el régimen lanzó una ola de represión contra activistas feministas, de las cuales unas diez fueron arrestadas. La mayoría de ellas siguen detenidas, sin cargos formales, en la prisión de Dhaban, cerca de Yeddah, en la costa occidental de la Península Arábiga. La ONG denuncia  torturas, los azotes y la violencia sexual de que son víctimas. En la costa opuesta, en Qatif, en la región chiíta, Israel al-Ghomgham, otro opositor, aún se enfrenta a una muerte por decapitación.
El régimen ataca a los que se han manifestado por los derechos de las mujeres y contra el opresivo sistema patriarcal, ataca a los que protestan -en Internet o en las redes sociales-  contra su dictadura sobre las mujeres, sobre los opositores, sobre los trabajadores extranjeros con o sin papeles. Cientos o incluso miles de personas están encarceladas en cárceles, golpeadas, torturadas y en riesgo de ser decapitadas. Desde hace más de diez años, Raïf Badawi, bloguero de la oposición, está detenido y es azotado todos los viernes.
Sin siquiera ser conocida como opositora, una sirvienta indonesia fue decapitada recientemente, culpable de rebelarse contra las repetidas violaciones infligidas por el padre de su patrón y de haberlo matado, en defensa propia,  con un palo. Era una de los 1,5 millones de trabajadores indonesios explotados por familias sauditas adineradas y la mayor parte del tiempo fue objeto de abusos. Cientos de miles de trabajadores yemeníes constituyen una reserva de mano de obra barata, antes de convertirse en los chivos expiatorios de un desempleo que ha aumentado como resultado de la guerra en su país. Desde 2017, el Príncipe MBS ha presidido la expulsión de 100.000 de ellos.
Cuando MBS, después de invertir 16.000 millones de dólares con el dictador egipcio al-Sissi, continuó su gira en Túnez, fue recibido por manifestantes hostiles. Pero el Presidente Essebsi lo recibió con el respeto debido a sus miles de millones y su petróleo a un precio amistoso. La misma indulgencia sin complejos le ofrecen también las grandes potencias y sus traficantes de armas, los Trumps y demás cómplices…  ¡También los Borbones!

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