Acuarius: los inmigrantes víctimas de una política criminal

Tras haber sido rescatados por el Aquarius a lo largo de las costas libanesas en la noche del 9 de junio, 629 inmigrantes han estado en el barco de Médicos Sin Fronteras durante días sin saber su destino.

Salvini, el ministro de Interior italiano, prohibió el desembarco en los puertos del país; todo para agradar a su electorado. Malta, aun estando más próxima a la ubicación del barco, también rechazó el desembarco de estos inmigrantes a pesar de que su situación se hacía insostenible y muy difícil ya que se hallaban casi sin reservas de alimentos. Las autoridades de la isla dijeron que, aunque el salvamento se había efectuado en las aguas jurisdiccionales libias, jurídicamente dependían de Italia.

Tras días de incertidumbre ante la suerte de estas personas, muchas de las cuales temían ser devueltas a Libia, pues conocían sus campos de concentración, los trabajos forzados y la tortura, y amenazaban con arrojarse al agua, Pedro Sánchez ha querido avergonzar al resto de dirigentes europeos acogiendo a estos inmigrantes.

El cinismo de los dirigentes europeos pone los pelos de punta. Macron, presidente del gobierno francés, país que se había comprometido a acoger 19700 inmigrantes tan solo ha acogido… ¡un tercio! Además, ha sacado el arsenal represivo más duro contra los inmigrantes y contra quienes los ayudan; aun así, Macron ha acusado al gobierno italiano de llevar a cabo una política “cínica e irresponsable”.

El caso francés es sólo un ejemplo; el resto de los dirigentes europeos hacen lo mismo o peor aún si cabe a pesar de que su propia política imperialista está en el origen de muchos conflictos y de la miseria de la que huyen estos inmigrantes.

Aunque nos quieren hacer ver lo contrario, los cientos de miles de personas condenadas al exilio no son un fardo insoportable para Europa que con sus 500 millones de habitantes concentra una buena parte de las riquezas del planeta; estas personas podrían ser acogidas sin dramas ni crisis.

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