Accidentes de trabajo: el extremo del trabajo precario

Las estadísticas vuelven a mostrar un aumento en los accidentes laborales. En concreto un 4,4% respecto del año 2018, en el periodo hasta Octubre.
Entre los trabajadores asalariados, ha habido un aumento significativo del 4,8% de los accidentes ocurridos en el lugar de trabajo, mientras que los accidentes in itinere han aumentado un 1,9%.
Un dato verdaderamente preocupante es que los accidentes se están cebando en los trabajadores por cuenta propia. En 2018 éstos declararon 7.696 accidentes con baja, en lo que va de año, esa cifra aumenta a 21.721 los accidentes registrados.
Se está produciendo una peligrosa normalización de los accidentes laborales. Por un lado, la falta de recursos de las administraciones provocada por los recortes. Por otro las leyes laborales están claramente a favor del empresario y ofrecen muchas lagunas.
Pero sobre todo existe una preocupante tendencia a hacer recaer sobre el trabajador la responsabilidad de la prevención, cuando por otro lado se sospecha que hay empresas que regulan el nivel de protección según sus propios intereses. Ocurre en pequeñas empresas, pero también en grandes multinacionales, como Telefónica. Un ejemplo de empresas subvencionadas por la Junta de Andalucía está en el sector aeronáutico, donde el manejo de sustancias tóxicas se hace sin la protección adecuada.
Vemos que los empresarios tienen de su parte a la administración y los poderes públicos.
¿Hacen algo la administración o la propia Junta por la vigilancia y el cumplimiento de las normas en seguridad y salud laboral? No lo hacen con las más elementales normas laborales, entre ellas el respeto a condiciones de trabajo dignas o la libertad sindical. El que un trabajador denuncie algún tipo de abuso puede ser inclusive contraproducente para él.
Muchas empresas hacen responsable al trabajador de su propia seguridad. Esto deja al empresario manos libres para regular e incluso “condicionar” los medios preventivos que el trabajador puede disponer. Inclusive, que el trabajador costee sus propios EPI.
Son sobre todo los trabajadores que prestan sus servicios como “falsos autónomos” los más expuestos a riesgos y suelen recibir menos formación en prevención y ocurre lo mismo con los equipos de protección individual.
Aún peor, empresas que utilizan los servicios de asesoría y vigilancia en salud laboral, pero cuya relación les lleva a actuar como meros títeres a favor del empresario e inclusive ayudando a tapar las faltas.
Muchos accidentes serían evitables y esto lo saben los propios empresarios. Pero prefieren anteponer sus propios intereses a los de sus trabajadores, mirando sobre todo los beneficios.
¡Hay que obligar a estas empresas a que cumplan las leyes, no puede ser que trabajar cueste vidas!

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