80 años de la Comuna Asturiana: ¡viva la revolución de octubre del 34!

Entre los días 5 y 20 de octubre de 1934, se desarrollaron los acontecimientos revolucionarios que son conocidos como la Comuna Asturiana. 80 años después, se hace necesario continuar difundiendo y luchando por las ideas que defendieron los obreros asturianos, con los mineros en primera fila, es decir, la expropiación de la burguesía y de los medios de producción, la planificación y distribución de los recursos de acuerdo a las necesidades sociales con un poder obrero democrático.

De la República del 31…

La República llega en abril 31 después de la abdicación del rey Alfonso XIII. Durante sus tres primeros años de existencia, esta República por la que habían luchado los obreros creyendo que contribuiría a mejorar su situación, solo les había proporcionado decepciones. Temerosos de un desbordamiento durante los primeros días de entusiasmo de las masas, los líderes republicanos y socialistas hicieron toda suerte de promesas para “restablecer el orden”.

No se limitaron a no cumplir éstas, sino que contribuyeron a la indignación y la desilusión dejando que la CEDA –Confederación Española de Derechas Autónomas-, partido fascista, realizara manifestaciones y desfiles con entera libertad, siendo una provocación permanente para la clase obrera. Hitler había tomado el poder con el 33% de los votos en Alemania reprimiendo a la izquierda. Dolfus en Austria había hecho lo mismo. La amenaza fascista se hacía realidad en España con la CEDA. Y en octubre del 34 hizo entrar a 4 miembros de la CEDA en el gobierno.

Los obreros debían responder. Los obreros y los mineros asturianos, preparados y tomando en serio las consignas de los socialistas, se lanzaron a la lucha agrupados en las Alianzas Obreras frente único de los trabajadores y organizaciones de izquierda.

.a la Comuna Asturiana

En Manzaneda, cerca de Olloniego, 200 soldados de la revolución, armados solo con pistolas, se enfrentaron el 5 de octubre 34 con las ametralladoras y el moderno armamento de las fuerzas gubernamentales. Al grito de ¡UHP! “UNÍOS HERMANOS PROLETARIOS”, los obreros vencieron. Era la primera batalla de la Comuna asturiana. Desde Mieres, su centro, la insurrección había comenzado a organizarse la víspera y había salido una columna para apoderarse de Oviedo. Con la noticia de la primera victoria, empezaron a caer los cuarteles y se obtuvieron así las primeras armas. La dinamita, que los mineros estaban acostumbrados a manejar, sería su arma principal. Poco a poco se formaba un pequeño Ejército Rojo; los trabajadores repartidos en grupos de 30, estaban dirigidos por un jefe responsable ante el comité revolucionario. La disciplina era severa. El robo estaba rigurosamente prohibido.

Después de duros combates, Oviedo fue conquistado el domingo 7. El Comité Revolucionario se instala en el Ayuntamiento; el Banco de España es tomado con dinamita. A partir de este momento, toda la población se incorpora a la lucha y toda la región forma un frente de guerra cuyo escenario principal es Oviedo y su centro organizativo Mieres. Los alimentos son racionados bajo la estricta vigilancia del Comité de Abastecimiento. Los hospitales y las cocinas son colectivos. El dinero es suprimido y sustituido por vales…

El gobierno fue el primer día totalmente desbordado. Pero después de la capitulación de la Generalitat de Cataluña y la traición de los socialistas que se niegan a organizar insurrecciones en el país, la Comuna Asturiana abandonada a sí misma, sin poder extenderse y sin esperanzas, no puede vencer.

A los obreros y mineros asturianos solo les restaba morir dignamente. Lucharon hasta el fin, hasta el último hombre con sus granadas y su dinamita.

La comuna de Asturias es parte de nuestra herencia.

En unos días, los obreros fueron capaces de organizarse en esta zona, controlando la producción, la distribución, bajo la tutela de comités obreros. Se ha visto lo que es capaz de crear la voluntad y el espíritu revolucionario de los trabajadores en un momento de tensión dura. La burguesía quiere que olvidemos la lección de Asturias. ¡No la olvidaremos nunca!