2015, un año de crisis para la clase trabajadora. 2016, ¡la vuelta a las movilizaciones sociales y obreras!

El año 2015 se ha caracterizado por ser un año electoral. Desde las elecciones municipales hasta las generales del 20 de diciembre, pasando por las autonómicas, los partidos políticos tradicionales –PSOE y PP– se han confrontado con los nuevos –Podemos y Ciudadanos– discriminando la tradicional agrupación alrededor del PCE –IU– que ha quedado fuera de los circuitos mediáticos. El ciclo de luchas y movilizaciones que comenzaron con el 15-M en 2011 ha acabado y estamos en un paréntesis con un reflujo de las movilizaciones. La clase trabajadora sólo aparece en movilizaciones defensivas y aisladas, sin que haya una expresión social a través de sus luchas que pueda vislumbrar la reconstrucción de un nuevo movimiento obrero con una organización política que defienda y proponga sus intereses independientes de la burguesía y del reformismo de Podemos, la socialdemocracia o el nacionalismo.

2015 se ha caracterizado también por la estabilización de la crisis económica. Esta estabilización en la crisis –y no su superación– se ha realizado a través de las medidas del gobierno de Rajoy y de la patronal que hacen pagar a los trabajadores y la población más débil los platos rotos del capital financiero y empresarial.

El conflicto catalán ha mostrado la salida a la crisis desde la derecha catalana a través del nacionalismo independentista, el llamado “procés”. Convergencia se caracterizó por una política de recortes, despidos y ataque a la clase trabajadora, al mismo nivel y en connivencia, que Rajoy. Sin embargo liderando la formación “Junts pel sí”, ha conseguido aunar detrás de ellos a un sector de población importante desviando los problemas sociales con la solución de la independencia. Aún con el cambio de Mas por Puigdemont, Convergencia, la representante de la oligarquía catalana, llena de corrupción hasta las cejas, ha conseguido 18 meses más en el intento de seguir aunando detrás de sí a sectores de la población catalana en la trampa nacionalista, con el señuelo de un proceso constituyente y una república catalana que supuestamente pondrá fin a las medidas contra la población trabajadora, la pobreza y la explotación. Pretenden que el “procés” consiga más apoyo popular, mayoritario, para la “desconexión”. Y esta vez han conseguido algo, gracias a la CUP, que le da los apoyos necesarios y queda atrapada en sus acuerdos para mantener la estabilidad necesaria de gobierno.

La atención y las preocupaciones en general de la población se han desplazado a las elecciones. En ello se batieron el cobre tanto los medias como los nuevos partidos, para dirigir las expectativas de cambio hacia los comicios. En especial Podemos que desvió todo el descontento popular nacido de las movilizaciones hacia el terreno electoral donde fraguaba su política como recambio del régimen. Régimen político nacido en la Transición y que después de 40 años tiene problemas para mantener la credibilidad de la población. La corrupción generalizada, las políticas de recortes, el rescate del sistema financiero, la crisis de la monarquía etc., han hecho resquebrajar el sistema político y ha dado lugar a que los partidos tradicionales y los nuevos aparecieran con mensajes renovados, nuevas caras, rejuvenecidas. Solo el PP que se mantenía en el gobierno con Rajoy, cada vez más impopular, ha mantenido sus cataduras. Sin embargo, ha vuelto a ganar las elecciones aun perdiendo la mayoría absoluta, dilapidando casi 4 millones de votos y manteniendo todavía más de 7 millones de votos.

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